Arrow 8×04 Review: Present Tense

¡Bienvenidos de nuevo una semana más a Arrow! “Present tense” es uno de los mejores episodios de todo el show. Y uno de mis favoritos. El trasfondo emocional que nos han mostrado en este episodio ha sido profundo, real, crudo, precioso, todo junto y han conseguido que empaticemos con los personajes de una forma en la que solo Arrow puede lograr. ¡Vamos a comentarlo todo!

AVISO SPOILERS NO SIGAS LEYENDO SI NO HAS VISTO EL 8×04 Y RECORDAD QUE PODRÉIS DISFRUTAR DE ESTE EPISODIO EL 14 DE NOVIEMBRE A LAS 22:50 EN SYFY

El episodio comienza exactamente dónde acabó el anterior. William, con lágrimas en los ojos, no duda en abrazar a su padre, él, a pesar del shock le devuelve el abrazo y cuando lo reconoce sólo cierra los ojos y se aferra a él. Se aferra tanto a él, a tenerlo en sus brazos…entonces, abre los ojos, William se separa, y Oliver mira a Mia. Sólo puede mirarla, sólo contemplarla y recordar la última vez que la vió. Ella era un bebé y ahora es toda una mujer, fuerte, luchadora, preciosa, tan preciosa como su madre, que lo mira a los ojos con una mezcla de miedo, confusión, dolor y esperanza. 

Y con la voz rota, rasgada de la emoción, sólo quiere confirmar que es ella, sólo quiere aferrarse a ella y comprobar que es real. Oliver sólo quiere tocarla para convencerse a sí mismo de que sus hijos están justo en frente de él. Necesita ese contacto, desesperadamente…lo necesita tanto como respirar. Mia sólo puede asentir, pero le niega el contacto. Oliver muestra todo el dolor que le produce sentir el rechazo de su hija sólo por un segundo. Pero se obliga a recuperarse y a explicar a los demás, con la voz aún llena de incredulidad, sufrimiento, emoción y felicidad, todo lo que sucede. 

Mia…ella sólo puede mirar a su padre, fijamente. No lo ha dejado que la toque ni que la abrace, a pesar de necesitarlo tan desesperadamente como él. Pero ha sido demasiado, el asesinato de Zoe, la partida a ese mundo extraño, él contraerse frente a frente con su padre. ¿Es todo real? Puede que todo sea un juego de su mente o de lo que sea y ella se muestre vulnerable. No quiere hacer eso. No puede mostrarse vulnerable delante de nadie. 

Pero ella, en el fondo, sabe que todo es real sólo que es…demasiado doloroso para contemplarlo. Está frente a frente con su padre. Un padre que siente que la abandonó. Sí, entiende por qué lo hizo, una parte de ella lo admira, pero eso no significa que duela menos. Eso no significa que el dolor del abandono no desgarre sus entrañas y sean como pequeños alfileres que se clavan en su corazón constantemente. No puede simplemente…hacer como si no hubiese pasado nada. 

Necesita a su padre, quiere abrazarlo, quiere perdonarlo pero…no puede. Algo más fuerte que ella se lo impide. Es una batalla encarnizada entre cabeza y corazón. La cabeza de Mia le dice que su padre hizo todo por proteger a su familia y que tenía sus razones, que la amaba y dejarlos fue lo más doloroso que hizo pero su corazón…su corazón sólo puede concentrarse en el dolor de no haberlo tenido a su lado, de no haberlo conocido.

Su corazón sólo le grita que ese hombre es un extraño para ella porque no tuvo la oportunidad de conocerlo y ahora tiene miedo de hacerlo, miedo de abrirle el corazón y dejarlo entrar por si él vuelve a desaparecer, a escurrírsele entre los dedos porque eso la destrozaría. Así que prefiere no arriesgarse y poner una barrera tanto física como emocional entre ella y su padre. Aunque eso los destroce a los dos. Es tan parecida a Oliver…

La explicación de Oliver va dirigida a todos, pero especialmente a Mia. Oliver quiere dejarle claro que hizo lo que hizo para protegerlas, a su madre y a ella, y que es lo más difícil que ha hecho. Cuando dice «son mis hijos» casi me muero de la emoción. Lo dice con tal orgullo y emoción que no pude parar de gritar. 

Por supuesto, a Dinah de todo lo que está pasando sólo le importa que no le dijeron nada del embarazo de Felicity (ojos en blanco) y atención a la reacción de Diggle cuando Dinah dice eso. Sin embargo, mucho más interesante es el intercambio entre Connor y Diggle. 

Connor no duda en llamarle «papá» y lo hace con emoción, con lágrimas en los ojos, como si no se pudiera creer el verlo allí, vivo. Como si por fin tuviera la oportunidad de decirle todo lo que no pudo decirle. Como si ahora tuviera la oportunidad de despedirse. Por supuesto, Diggle no lo reconoce y eso mata a Connor un poco, le duele que su padre no lo reconozca, que aún no sean todo lo que serán. 

¿Qué significa esto? ¿Diggle morirá? Bueno, no descarto que en el futuro que ahora conocemos esté muerto. Eso explicaría la reacción de Connor. Pero que no cunda el pánico. Pienso que el crossover lo va q cambiar absolutamente todo y que, tras él, Oliver va a seguir vivo y Diggle también. Así que, en definitiva, creo que aunque ahora Diggle esté muerto en el futuro, no acabará la serie así. Dentro de poco hablaremos en un post sobre el posible final de la serie y desarrollaré más esta idea. Pero, como adelanto, creo que el final va a ser feliz y con los personajes centrales del show vivos. 

Connor intenta explicarle a Diggle quién es y por qué lo llama “papá”. Intenta explicarle que lo adoptó, pero Diggle lo niega, no puede envolver su cabeza sobre el hecho de haber adoptado al niño que acaba de ayudar junto a Lyla. Es…demasiado. Ese rechazo inicial de Diggle es un dolor físico para Connor. Es algo que lo golpea, y le duele en lo más profundo. Connor está desesperado porque Diggle lo reconozca, porque lo abrace como tantas otras veces…está desesperado por reencontrarse con su padre, y el solo pensar que en ese mundo extraño nunca lo adoptó y no tiene el derecho de llamarlo padre, que no vivieron tantos momentos juntos…es un dolor lacerante que le retuerce las entrañas.

William da con la clave de lo que está sucediendo y ambos equipos, los del futuro y los del presente, se intentan reagrupar para poner algo de orden y sentido en sus mentes.

Tras esto, Mia, Oliver y William se retiran al apartamento en el que vivían. Mientras que para William es un viaje a todos los buenos recuerdos y vivencias que compartió con sus padres, para Mia es un lugar extraño, un recordatorio constante de lo que pudo ser y no fue. Mia se fija en la foto Olicity que los muestra sonrientes y abrazados. Los ve felices, los ve unidos…y eso acrecienta la sensación de que su propio padre le robó su infancia al lado de su familia, de que le arrebató algo tan preciado en su vida que siente un vacío en el pecho cada vez que piensa en lo que pudo ser y no fue.

Oliver intenta normalizar la situación. Está emocionado de tener a sus hijos a su lado pero también nervioso. Ahora mismo son tres extraños, aunque se amen más que a sus propias vidas. Él se imagina un mundo donde ambos crecieron juntos, aunque él no estuviera pero eso está muy lejos de la realidad. La realidad es muchísimo más triste. Cuando William le explica lo que realmente sucedió, la cara de Oliver muestra una tremenda desolación. Él está sacrificando su propia vida para que su familia tenga una vida mejor…y acaba de descubrir que no ha sido así. Eso lo deja desolado, como si nada hubiera merecido la pena.

Pero se recupera rápido, tiene que hacerlo. Oliver los tiene ahí, junto a él y puede recuperar el tiempo perdido, puede disfrutar de ellos el tiempo que le quede, puede conocerlos y forjar una relación con ellos. Pero Mia no está por la labor. Entrar en ese apartamento, donde están los últimos vestigios de una vida y una infancia rotas, es el recordatorio más claro del abandono de su padre, de su elección. Le duele como el infierno que no la eligiera a ella, a ellos, a su familia, pero no lo hizo. Y Mia no puede hacer como si nada hubiera pasado. No puede olvidar y perdonar tan fácilmente.

Mia se intenta autoconvencer que no necesita a su padre, cuando en realidad sí lo hace, desesperadamente, siempre lo ha hecho. Pero es demasiado difícil, demasiado doloroso. Hay un punto de riesgo en abrirte a una persona tanto, en dejarla entrar. Se necesita un salto de fe muy grande. Al abrirte, al reconocerte a ti misma que necesitas a esa persona tan desesperadamente…le das el poder de destruirte. Mia lo sabe y en estos momentos no puede darle ese poder a Oliver. No confía en él lo suficiente. No sabe lo que está viviendo ahora mismo pero Oliver se fue una vez y tuvo que aprender a crecer sin él, tuvo que forjar su vida sin él. Amándolo pero sin poder tenerlo, sin poder conocerlo, sin poder alcanzarlo.

¿Qué le impide a Oliver volver a hacerlo? ¿Qué le impide volver a desaparecer como si nunca hubiera existido? Mia pudo apenas soportar la ausencia de su padre una vez. Ella sabe que no sobreviviría a eso de nuevo. Si ella dejara entrar a Oliver, si confiara en él, si solo se permitiera conocerlo y amarlo como alguien en real, no como la imagen que otros han ayudado a crear, significaría que si su padre volviera a desaparecer, la destrozaría. Ya no existiría Mia Smoak – Queen, sólo pedazos de ella.

Mia tiene miedo de perdonar a su padre y confiar en él porque eso significaría dejar su corazón en sus manos y darle la oportunidad de destruirla con sólo apretar un poco. Mia se sintió así de indefensa una vez cuando era pequeña y se ha prometido a sí misma no volver a sentirse así. Si deja entrar a Oliver en su corazón sabe que estaría rompiendo esa promesa.

Mia tiene la certeza de que Oliver, tarde o temprano volverá a desaparecer, entonces, ¿qué quedará de ella? La más absoluta nada. Pedacitos tan pequeños de sí misma que serán imposibles de recomponer.

Esa es la razón de que ella mantenga las distancias y se aleje de esa estampa familiar. Necesita a su padre tanto como respirar…pero su corazón necesita aún más protegerse del dolor que vendrá cuando él desaparezca de su vida así que su única salida es protegerse tras su ira y su dolor, tras su resentimiento, para evitar perdonarlo y apostar su corazón.

Oliver encaja ese golpe directo a lo más profundo de su corazón como puede. 

Sabe que tiene toda una relación que reconstruir con sus hijos. Y va a empezar por William. Pero antes de eso, tiene que contarle a Felicity todo. Me encanta que se fijen en estos detalles, son los que le dan calidad a la historia. Felicity es su mujer y la madre de sus hijos, tiene que saber lo que está sucediendo. La excusa para no decirle nada es bastante convincente. Aún no saben cómo funciona ese viaje en el tiempo, lo que podían alterar…y es mejor no hacer nada por el momento.

Es cierto que luego aparece Curtis, y parece un poco extraño que él sí pueda saberlo todo y Felicity no…pero han salido muy bien del atolladero de no tener a Emily disponible en estos momentos.

Además, esta reacción inmediata de Oliver habla del crecimiento de su personaje. Es un hombre acostumbrado a guardárselo todo para sí mismo y esconder cosas muy importantes incluso a su mujer. Pero él ha aprendido que eso no es lo correcto y que compartir la vida con alguien significa compartirlo absolutamente todo, secretos y extraños viajes en el tiempo incluidos.

Esa conversación entre William y Oliver en la que él sale del armario es ORO. Por muchísimas razones. La primera es la importancia que tiene una escena así. Es necesaria. Desde luego, es necesario mostrar que nadie debe sentirse avergonzado de contar a sus padres quién es. Es normal tener miedo, ese miedo a si tus padres lo aceptarán, pero no hay que dejar que ese miedo lo consuma todo. Hay que mostrarse a los seres queridos como somos. 

La respuesta de Oliver también es PERFECTA. Los padres aman a sus hijos por encima de todo y sólo quieren que ellos se encuentren a sí mismos y que estén bien y seguros. Cuándo su hijo/a decida hacerles partícipes de quiénes son es su decisión. Sólo cuando se encuentren cómodos. Sólo cuando ellos lo decidan. Precisamente esta es la respuesta de Oliver. No es algo nuevo para él. Oliver y Felicity ya lo sabían, sólo querían que William se descubriera a sí mismo y que cuando estuviera preparado y se sintiera cómodo, lo dijera. Oliver y Felicity, como padres, conocían perfectamente a su hijo y lo amaban con todo su corazón. Simplemente lo dejaron ser él. Porque eso es lo que haces cuando eres padre. 

La escena tiene en cuenta hasta este detalle. William empieza hablando bajo, casi con miedo…pero termina hablando fuerte, conectando con los ojos de su padre. Diciéndole quién es sin miedos ni vergüenzas porque no debe sentirlos. 

William tenía miedo…miedo de que su confesión cambiara la forma en la que su padre lo ve o lo trata. Pero se ha dado cuenta de que su padre sabía perfectamente quién era y que eso no ha cambiado nada, porque no debe hacerlo. A un hijo se le ama y no se le pone ninguna traba a su verdadero ser. Estoy orgullosa de este show por haber traído este tema a la primera línea y por haber sido tan sensible y correcto a la hora de tratarlo. 

Tras este emotivo momento, Oliver le pide perdón por no haber estado ahí para ayudarlo en lo que necesitara, por no haberlo visto crecer y construir una relación que le permitiera a William saber que lo aceptaba tal cual es. William le contesta que está todo perdonado y que ahora tienen la oportunidad de recuperar el tiempo perdido. Pero Oliver necesitaba oírselo decir, necesitaba saber que su hijo lo perdonaba por haber sacrificado la vida como familia que podían haber tenido. Ahora lo sabe. Pero también sabe que Mia no lo ha hecho. 

Eso le duele en el alma. Saber que su hija le guarda rencor y que prefiere no tener nada que ver con él, saber que su hija no lo perdona. Pero William lo consuela diciéndole que Mia lo hará, sólo necesita tiempo porque se guarda todo lo que siente para ella y se hace la dura. Aquí Oliver hace una broma, ¿de donde lo habrá sacado? La respuesta de William: «de mamá tal vez» me derrite. Para William, Felicity es su madre tanto como Sam. Pero lo que más me derrite es esa sonrisa de oreja a oreja con la que responde Oliver. 

Esa sonrisa está llena de felicidad, de amor, de orgullo por el hombre en el que William se ha convertido, está llena de luz y de agradecimiento. De agradecimiento y felicidad por compartir un momento así con su hijo, por tenerlo ahí, en frente de él y poder simplemente hablar con él y compartir un momento de corazón a corazón. Feliz porque la vida y el universo le ha devuelto un poquito de todo lo que le debe y le ha regalado ese momento. Oliver es pura luz en esta escena.

Y Stephen. Oh, Stephen. Es sublime. Se supera en cada episodio y especialmente en esta escena. Esos ojos llenos de lágrimas a punto de derramarse, esa emoción que le rasga la voz, ese nudo en la garganta que él tiene y que consigue trasmitirte a la perfección. ¡Bravo!

Curtis aparece de nuevo sin que nadie lo haya echado de menos. La verdad que su aparición pasa sin pena ni gloria y se nota que su único propósito es despedirse del personaje. Sin embargo, su aparición le da a Mia la excusa perfecta para desaparecer e intentar solucionar lo que está pasando por su cuenta. Ella, tal y como le confiesa más tarde a Connor y William que siente la necesidad y la responsabilidad de vengar a Zoe por su cuenta. Al fin y al cabo, eso sucedió en su tiempo y es responsabilidad de ellos arreglar ese desastre.

Aquí Mia, al igual que hace Oliver, se echa encima de los hombros una losa muy pesada y prefiere no compartir el peso de ella. Ella se siente culpable por todo lo que ha sucedido y quiere solucionarlo, debe ser ella quien vengue con sangre la muerte de Zoe. Deber ser ella y sólo ella quién se encargue de los errores y de los pecados que ha cometido. Mia prefiere trabajar sola y no involucrar a nadie más. Oliver aprendió que solo no se va a ninguna parte y que, a veces, hay que compartir las cargas antes de que nos hundan y dejarse ayudar.

Al igual que sucede con el asunto de Zoe, Mia también quiere esconderles a todos lo que sucede en el futuro. Es cierto que es muy doloroso y algo difícil de aceptar pero es mejor que pasen por el dolor en ese momento que no que, además del dolor de la verdad, se sientan traicionados por sus propios hijos. De nuevo, este comportamiento de Mia tiene su reflejo en el de Oliver. Recordemos todas las cosas que Oliver decidió ocultar en un intento de proteger a los que amaba, entre otras cosas, un plan secreto para infiltrarse en la Liga.

Así, con esta decisión de Mia, se forman dos equipos trabajando en paralelo que, inevitablemente, terminan convergiendo. El dolor de Oliver al saber que Mia prefiere hacer las cosas sola y lejos de él es evidente en su cara. Él la entiende, la comprende…pero sólo la necesita. Necesita sentirla cerca de él, necesita sentir que lo ha perdonado. Necesita que su hija lo acepte y lo ame tanto como él a ella. Sabe que tiene mucho por reparar en su relación con Mia y ruega en silencio que su hija le dé la oportunidad de hacerlo antes de que sea tarde.

Oliver aprendió en su propia piel que las mentiras y los secretos no llevan a ningún sitio y que sólo causan más dolor, más desconfianza…y que cuando se descubren es mucho peor. Mia también aprenderá esa lección porque, como no podía ser de otra manera, todo sale mal y deben decir la verdad.

Después de que todo estalle, los personajes tienen que reflexionar sobre ello. René se acaba de enterar que su hija es asesinada por el hijo de Diggle. No puede ni pensar en su pequeña Zoe, tan llena de vida, muerta a manos del hijo de su amigo. Necesita tomar aire, John va tras él e intenta disculparse en nombre de su hijo. René sabe que Diggle no tiene la culpa, los padres no son culpables de las acciones y decisiones de sus hijos pero en ese momento René no puede escuchar. Lo ve todo rojo y tras sus párpados hay una imagen fija, la imagen de su hija muerta y del hijo de Diggle manchado con su sangre. Necesita salir de ahí y respirar, necesita comprobar que Zoe está bien y eliminar esa escalofriante imagen de su mente.

Consigue hacerlo al ver a Zoe sana y salva – esa pequeña es un amor, a mí me tiene conquistada –, al verla crecer. Pero no puede apartar esa imagen de su corazón. No puede evitar el dolor de saber lo que está por pasar. No puede evitar el dolor de la pérdida. Dinah llega al rescate (en una de sus mejores intervenciones como personaje) y le hace entender a René que pueden cambiar lo que sucederá. 

Ahora que lo saben, ¿por qué no luchar contra ello? El destino nos lo forjamos nosotros mismos. Nada está escrito en piedra. El universo les ha dado una oportunidad de cambiar lo que sucederá, deben aprovecharla y no dejarse vencer. René debe ser fuerte para poder salvar a Zoe de su futuro.

René reflexiona sobre ello y se da cuenta de que Dinah tiene razón. Nada gana lamentándose y hundiéndose en el dolor de una pérdida que aún no ha sufrido. Nada gana culpando a su amigo y a uno de sus hijos por algo que no ha pasado y de lo que no tienen culpa. Deben estar más unidos que nunca y luchar contra ese futuro tan horrible y no dejar que nunca suceda.

Tras los primeros choques iniciales, llega el momento de mayor sufrimiento en la discursión entre padre e hija. 

Mía le echa en cara a Oliver que la abandonara, a ella y a su madre. Ella creció sin él por una decisión que él mismo Oliver tomó. Él sabe que es cierto y solo puede decirle a Mía sus razones para hacerlo. Lo hizo para protegerlas, para que pudieran seguir adelante. Y sabe, a pesar del sufrimiento que esa decisión ha causado, que hizo lo correcto. Porque lo único que importa es que su familia estuviera bien, que ella pudiera crecer, y vivir y convertirse en la maravillosa mujer que es hoy. Habría muerto mil veces gustosamente para preservar eso. El amor por su familia es más grande que sí mismo. 

Pero Mía nunca pudo seguir adelante. Ella lo necesitaba, lo necesitaba tanto…pero su padre no estuvo a su lado. Tuvo que aprender a aceptar que él había elegido no estarlo. A pesar de sus razones…ella las entiende pero su corazón…su corazón se siente herido por la decisión de su padre. 

Mía solo siente que no fue suficiente para que su padre lo mandara todo al infierno y se quedara a su lado. Su abandono se clavó tan dentro de ella que nunca ha podido comprenderlo. Mía no puede entender por qué eligió la misión antes que su familia. Si realmente le importaba tanto su bienestar…debería de haberse quedado para protegerlas, debería de haberle dado la oportunidad de crecer a su lado, de amar a su padre y confiar en él. 

Está tan dolida porque no lo hiciera. Mía solo necesitaba a su padre, toda la vida lo ha necesitado y se siente tan herida. Él no haberlo tenido es una herida que no ha cicatrizado…y solo se puede refugiar en su propia ira. Pero lo que hay debajo de todo ello es dolor y necesidad. La más pura y desesperada necesidad de tener a su padre a su lado y sentir que la ama tanto…que decidió sacrificar su vida por ella. 

Oliver siente precisamente eso por ella pero Mía simplemente no puede escuchar. Ahora no, es demasiado doloroso, no puede confiar en él. No ahora después de todos esos años. No, cuando sabe que si confía puede resultar irremediablemente rota. 

Por ello, Mía está incluso dispuesta a enfrentarse a su padre a los golpes. Esto en sí mismo es un golpe realmente duro para Oliver. Él no piensa luchar con ella así, y que ella sienta la necesidad de hacerlo, que lo trate como un auténtico extraño…es como un puñal oxidado clavado en su corazón, sin parar de retorcerse. 

Tras la conversación con René, Diggle tiene un primer cara a cara con su hijo, él se siente tan culpable…y por fin nos enteramos de por qué. Connor estaba sufriendo por su padre perdido cuando llegó a los brazos de Diggle y Lyla. Debido a ello, no era un niño fácil y sus padres se tuvieron que esforzar para que él viera que no iban a dejarlo ir, para que él supiera que los tenía ahí. 

Eso causó un resentimiento en JJ, que se llenó de celos al pensar que Connor le había quitado el amor de sus padres. Y siempre sintió que Connor le quitó un lugar en el corazón de sus padres, un lugar que nunca pudo recuperar. Pero Connor no tiene culpa de nada de eso. Era un niño y era lógico que se sintiera inseguro y enfadado con el mundo. El corazón de los padres es inmenso y en él caben todos sus hijos, por muchos que sean. Está en JJ no haberse dado cuenta de ello una vez que creció. 

A pesar de no tener la culpa de nada, Connor se siente tremendamente culpable. Casi como si lo hubiera fastidiado todo por existir. Se siente como un extraño que sólo jodió la vida de sus padres y de su hermano. Por ello, Connor le pide perdón a su padre con el corazón en la mano pero Diggle rechaza ese perdón, no porque sienta que Connor debe disculparse por algo si no porque él le ha estado mintiendo. 

En este momento casi pensé que Diggle iba a decir algo así como “tú no eres mi hijo” e íbamos a tener un problema…afortunadamente, no dijo nada de eso. Pero el rechazo le duele tanto a Connor como si lo hubiera dicho. En este momento Connor reafirma su sentimiento de no pertenecer a su propia familia, se reafirma al pensar que es un estorbo. 

Pero nada más lejos de la realidad. En una conversación con Dinah, conocemos la verdadera razón de la actitud de Diggle. No es algo contra su hijo, es contra sí mismo. Sentirse culpable es claramente genético porque John se siente culpable por lo que sucederá. Cómo padre, piensa que podría haber evitado que su hijo se convirtiera en un asesino, que podría haber hecho mal.

Es…algo intrínseco en los padres cuando un hijo hace algo totalmente incorrecto, pensar en qué han fallado, qué podrían haber cambiado…cuando la respuesta es nada. Los hijos, una vez que son adultos, toman sus propias decisiones, buenas o malas, pero solo ellos son responsables. 

La situación con JJ le ha recordado a Diggle a su hermano Andy. Él creyó tanto en él…pero al final no pudo salvarlo, no pudo ayudarlo. Y ahora la historia se repite. Está aterrorizado de no poder hacer nada para evitar que JJ se convierta en semejante monstruo. Diggle siente terror al pensar que va a perder a su hijo igual que perdió a su hermano Andy. 

Pero ese terror ha hecho que John le clavara un puñal en el corazón a su otro hijo Connor. Ha hecho que se sintiera indigno de formar parte de su familia, como un auténtico extraño. Y John sabe que no puede evitar más el enfrentarse a Connor y al error que ha cometido. Eso nos lleva a una última conversación entre ellos. 

Connor se había rendido y había afectado que para Diggle, él no era su hijo…pero John le deja claro que sí que lo es, forma parte de la familia, de su familia y no importa nada más. Es tremendamente emotivo ese momento, es todo lo que Connor quería desde el principio…recibe esa aceptación de su padre con lágrimas en los ojos. 

Tras esto, nos muestran una escena de entrenamiento entre padre e hijo. De tal palo tal astilla. Esta escena tiene su reflejo en una de las Season 2 en la cual Oliver, Sara y el mismo Diggle entrenan de la misma forma que lo hacen padre e hijo en el presente. 

Mia está cegada por la venganza. La necesita como respirar, precisamente porque no puede respirar. Han sido demasiadas cosas, el asesinato de Zoe, la aparición en el pasado, enfrentarse a su padre…Mia siente que se ahoga y la única salida que ve es vengar la muerte de Zoe. Todo lo demás no puede controlarlo, pero eso sí y necesita recuperar el control. Necesita sentir que tiene el control en algo que está sucediendo en su vida. Así que no tiene otra cosa en mente que acabar con Grant y, cuando pueda, también con JJ.

La actitud de Mia es una mezcla de Oliver y Felicity. Oliver se cegó por la venganza muchas veces, siendo lo único que veía y que pensaba que podía aliviar lo que sentía, hacerle sentir mejor y hacer justicia. Felicity se dejó llevar por ese mismo sentimiento sólo una vez, con Díaz. Esas ganas de sentir que has hecho pagar al otro por el sufrimiento que te ha causado. Ese poder de tener el control sobre la vida y la muerte de la persona que ha causado todos tus males, que te lo ha quitado todo, incluso el control de tu propia vida, poder devolverle el golpe con la misma contundencia…es fácil dejarse llevar por eso, pero eso no significa que sea lo correcto.

Oliver aprendió con el tiempo que venganza no significa justicia y que la venganza no te hace sentir mejor, al contrario, te hace hundirte más en el pozo sin fondo. Felicity aprendió la misma lección cuando estaba a punto de hacer algo de lo que se iba a arrepentir. El problema de dejarse llevar por la venganza es que esperas sentir algo, al menos alivio, tras culminarla, pero tras hacerlo solo sientes un horrible vacío, incluso más profundo que antes porque antes, al menos tenías una motivación para seguir adelante, pero una vez que la venganza culmina, ya no tienes ninguna. Sus padres aprendieron la lección y ahora le toca a Mia.

La encargada de dársela es Laurel. Ella no quiere meterse en nada, pero sí ve que Mia necesita aclarar su mente y decidir qué quiere hacer con la sangre fría, no dejándose llevar. Laurel reconoce en Mia lo mismo que reconoció en Felicity: que si llegaba a hacer algo así jamás se lo perdonaría. Así que le cuenta su experiencia con Felicity. Ella logró darse cuenta a tiempo, la pregunta es si Mia lo hará o no.

Una vez analizado esto, tengo que añadir que ha quedado algo forzado que Mia pidiera a Laurel como refuerzo. Es cierto que ambas se conocen, pero Mia confía más en Connor que en ella. Por supuesto, ambas tienen que tener escenas para forjar una relación de cara al spin off y todo ha quedado bastante bien y natural una vez que nos adentramos en la escena, pero se ha notado un poco el por qué Mia nombra a Laurel como su compañera y no a Connor.

Tras lo que sucede con Mía, William conoce a su padre y sabe que, aunque intenta mostrarse sereno, está hundido por lo que está sucediendo con Mia. Él sabe que Mia tiene toda la razón al reclamarle que las dejara solas y eligiera la misión sobre su familia. Lo hizo por una buena razón, pero lo hizo, y comprende que ella esté enfadada y lo odie por ello. El caso es que sólo podemos enfadarnos de verdad con las personas que más amamos. Mia ama a su padre pero está demasiado dolida y tiene demasiado miedo como para no centrarse más que en el desprecio y en un aparente odio que se clava en Oliver como alfileres al rojo vivo.

Entonces William le habla de su propia experiencia. Él también llegó a odiar (o, mejor dicho, a sentir esa rabia y ese dolor de los que se nutre el odio) a su padre por el mismo motivo que Mia. Pero después lo perdonó por ello. Confió lo suficiente como para dar ese salto de fe, perdonarlo y volver a confiarle su corazón. Mia también lo hará, solo necesita algo de tiempo. 

Oliver sabe que, a pesar de que lo hizo por la mejor razón posible, su decisión tuvo como consecuencia que sus hijos crecieran sin él y lamenta que lo hayan hecho. No desea otra cosa que haber estado ahí para ellos y haberles demostrado todo lo que significan para él. No desea otra cosa que haberles demostrado que ellos y Felicity son absolutamente TODO su mundo. 

Así que hace lo siguiente mejor: pedir perdón por no haberlo hecho. Oliver necesita ese perdón, necesita sentir que sus hijos no le guardan rencor, necesita saber que son capaces de recuperar y reconstruir una relación que les fue arrebatada. El solo pensar no ser capaz de hacerlo, pensar que va a perderlos a ambos por segunda vez lo está matando por eso se le rasga y se le rompe la voz, es una súplica, casi silenciosa, de perdón, de absolución.

William le concede ese perdón sin ninguna duda, y le deja claro que está agradecido por el tiempo que pasaron juntos y por el tiempo que tienen ahora para reconstruir su relación. Esto es justo lo que necesitaba Oliver, una prueba tangible de que su hijo lo ama y necesita tanto como él recuperar la relación que una vez tuvieron.

Solo queda Mia…William intenta tranquilizar a Oliver. Él la conoce y sabe que, aunque lo intente ocultar, ama y necesita a su padre tanto como él a ella y lo dejará entrar en su corazón, igual que hizo con él.

Casi al final del episodio, por fin podemos ver a padre e hija haciendo equipo. Ambos vestidos de cuero, luchando hombro con hombro. Es una imagen que no tiene precio. Me ha conmovido la preocupación de Oliver por Mia. Al verla en problemas no ha podido evitar gritar su nombre e intentar ayudarla, distrayéndose y poniéndose en peligro él mismo. Oliver vive en sus carnes esa congoja de saber que en un segundo todo puede acabar y no duda en ponerse en la línea de fuego para llevarse todos los golpes que vayan dirigidos a Mia.

Oliver ha estado en el lugar de Mia en todo sentido. Sabe perfectamente lo que es sentir esa rabia asesina, ese veneno, corriendo por tus venas que te impulsa a cobrar con sangre el daño causado. Y él también sabe el vacío que sientes después, esa ansia renovada de querer conseguir algo que no llega nunca…y de lamentar la decisión de segar una vida. Oliver sabe perfectamente lo que es convivir con ese fantasma. Por ello, le impide dos veces a Mia que mate a Grant. No quiere que su hija sienta ese vacío, esa culpa…esa carga. Ella se puede poner como quiera, puede enfadarse o patalear, o gritar o dañarlo con palabras o con golpes pero es su padre y va a protegerla de sí misma. Ese es su trabajo.

Mia, más tarde, comprende y agradece las acciones y la protección de su padre. Algo entre ellos ha cambiado ahí fuera. Oliver le ha demostrado a Mia, con hechos, que él va a estar ahí, aunque ella reniegue de él, Oliver no se va a rendir, no va a desaparecer. Saber eso es lo que Mia necesitaba. Ella se calma un poco. Aún no está lista para dejarlo entrar…pero sus defensas bajan.

Más tarde, Oliver lleva a Mia ante la tumba de su padre. El hombre que de alguna manera lo empezó todo. Entonces le habla de su propia culpa y ansias de venganza. Aquí Mia se abre un poco más. Oliver le ha dado la confianza que necesitaba. Mia encuentra en su padre un alma afín que puede entenderla sin juzgarla, que puede aconsejarla y apoyarla.

Por ello, Mia le habla sobre la culpa. La está carcomiendo desde que sucedió lo de Zoe. Necesita saber si esa herida se curará alguna vez, si alguna vez podrá mirarse al espejo sin sentir culpa o vergüenza de sí misma. Necesita tan desesperadamente que Oliver le diga que sí y Oliver la tranquilice como una niña pequeña, que le diga que todo estará bien en el mundo. Pero Mia ya no es una niña pequeña, es una adulta y tiene que saber la verdad. Su hija no se merece menos. 

Es entonces cuando Oliver le confiesa que la culpa que siente nunca se irá del todo. Esa culpa es una carga que estará siempre sobre su espalda. Aprenderá a vivir con ella, igual que lo hizo él. Se levantará y aprenderá de sus errores. Cuando se mire al espejo ya no sentirá vergüenza si no el peso que va con la enseñanza. De eso se trata la vida, no de cuántas veces caes, si no de aprender a levantarse y de aprender de tus errores. 

Él sólo puede ayudar con ello, ayudarla a sobrellevar su culpa, su rabia y todo su dolor. Mia acepta y esto es tremendamente importante. Es la primera aceptación implícita de Mía hacia su padre. Lo ha dejado entrar un poco, le está dando una oportunidad, le está diciendo, sin palabras, que aunque aún queden cosas por resolver entre ellos, lo necesita en su vida. 

Esa aceptación, esa oportunidad tangible que Mía le está dando a su padre se confirma cuando acepta el desayuno que prepara Oliver (en un precioso paralelismo con aquella escena con William). Parece sólo un desayuno pero no es sólo un desayuno. Es el acuerdo tácito de confianza entre ellos. Un primer puente que se construye entre padre e hija. 

Mía aún está insegura alrededor de su padre pero ha dado ese gran salto de fe y le ha abierto una ventana a su corazón, con precaución, aún andando de puntillas porque es plenamente consciente de lo que puede sufrir, con muchas cosas pendientes entre ellos…pero superando su propio miedo, dándole una oportunidad de oro a Oliver.

La escena final, como viene siendo habitual últimamente, nos deja enganchados para el siguiente episodio. Parece que Monitor tiene intención de reclutar a Laurel del mismo modo en que lo hizo con Lyla. Quiere que traicione a Oliver. Esto es una bomba de relojería, puesto que cuando ella se entere de que Monitor sacrificó su Tierra y a sus seres queridos (y no os equivoquéis, se va a enterar, por mucho que queramos esconder un secreto, éste siempre sale a la luz tarde o temprano), va a querer venganza por ellos y todo explotará. 

Además, la obliga a guardar un gran secreto a todos, lo que también tendrá sus consecuencias cuando salga a la luz. Además, la pone ante el dilema de traicionar a alguien que, a pesar de todo, terminó confiando en ella. ¿Lo hará? 

En cuanto a stunts, no hemos visto demasiados pero siguen a buen nivel. A pesar de que este episodio no destaca mucho en ese sentido, creo que sobresalen las acrobacias de Oliver y Mia.

CONCLUSIÓN

Como conclusión, este episodio ha sido el mejor de lo que llevamos hasta ahora por el trasfondo emocional que tiene. Creo que traer a los personajes del futuro al presente ha sido un buen movimiento porque ha cambiado el tablero de juego y nos ha dado la posibilidad de ver escenas que valen oro, con un trasfondo emocional muy importante, destacando la relación de Oliver con sus hijos. 

Nos han hecho reír, nos han hecho llorar y nos han emocionado. Hemos podido conectar con cada personaje. Sus motivos han estado bien explicados y, aunque nos hayan roto el corazón en ocasiones, hemos podido ponernos bajo su piel.

La escritura es un arte y, como tal, creo que debe tener la capacidad de emocionar y de hacer que nos pongamos en la piel del otro. De hacer que, aunque no estemos de acuerdo, entendamos los motivos de cada personaje para hacer lo que hacen. Un dicho dice que un lector vive mil vidas antes de morir. Esto es completamente cierto porque la escritura de un buen libro te sumerge tanto en la historia que la vives como si estuvieras dentro de ella, como si formaras parte de ella. En los shows, también debe suceder lo mismo, sin embargo, raramente lo consiguen de la forma en la que Arrow lo ha hecho en este episodio.

Hemos sentido el dolor de sus personajes, su alegría, su resentimiento, su sufrimiento, su esperanza…y todo lo que hay en medio. No éramos espectadores de la historia, formábamos parte de ella. 

Durante una hora de nuestras vidas, hemos sido habitantes de Star City, parte del Team Arrow y de la familia Queen.

Y esto es lo que más voy a echar de menos. Pocas series hoy en día tienen la capacidad que tiene Arrow de hacernos partícipes, para bien o para mal, de todas las decisiones y sentimientos de los personajes. Pocos shows muestran tan nítidamente las luces y las sombras de las que todos estamos hechos. Pocas series son capaces de ser tan reales como la vida misma. En este episodio, Arrow lo ha conseguido una vez más.

Dicho esto, la escritura, como todo arte, no está exento de errores. Pocos peros le puedo poner al episodio, pero por poner uno, creo que la relación Mia/Oliver ha pasado demasiado desapercibida. Ha sido tratada (y de forma brillante) pero creo que se han quedado escasos. Oliver se ha disculpado con William y ha hablado con él abiertamente sobre las decisiones que tomó. 

He echado en falta un corazón a corazón así entre Oliver y Mia y, por supuesto, un abrazo. Como los personajes del futuro aún están en el presente, espero que en el próximo episodio, se centren en la relación Mia y Oliver y que la misma cobre el protagonismo que merece; del mismo modo que en este episodio ha hecho la relación William/Oliver.

Y hasta aquí la crítica del 8×04 de Arrow. ¿A vosotros qué os ha parecido el capítulo? ¡No dudéis en comentármelo!Nos leemos dentro de dos semanas con el 8×05 “Prochnost” y recordad que podéis disfrutar de este episodio el 14 de noviembre a las 22:50 en SYFY

Por Raquel

One thought on “Arrow 8×04 Review: Present Tense

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

A %d blogueros les gusta esto: