Arrow 8×05 Review: “Prochnost”

¡Bienvenidos una semana más a la review de Arrow!Prochnost” es un capítulo muy completo y redondo que nos tenía preparado un viaje a Rusia, un reencuentro con un viejo amigo y muchísimos sentimientos a flor de piel y verdades reveladas. ¡Vamos a comentarlo todo!

AVISO SPOILERS NO SIGAS LEYENDO SI NO HAS VISTO EL 8×05 Y RECORDAD QUE PODRÉIS DISFRUTAR DE ESTE EPISODIO EL 28 DE NOVIEMBRE A LAS 22:50 EN SYFY 

Ver a Oliver decirle a Diggle que le encanta tener a sus hijos allí tanto que no se quiere separar de ellos me ha derretido entera. Oliver modo padre es mi debilidad #sorrynotsorry. 

La realidad es que Oliver ve el poder vivir con sus hijos como un regalo. No pensaba que iba a volver a verlos, mucho menos llegar a conocerlos y forjar una relación con ellos. Pero la vida o el universo le ha devuelto algo de todo lo que le debe y lo ha hecho posible. Oliver sabe que es sólo un oasis en medio del desierto. Pronto él morirá…por eso es aún más especial para él tener este tiempo con sus hijos. Aunque sea limitado…merece la pena y no piensa dejar escapar la oportunidad de poder vivirlos. 

A parte de la felicidad de Oliver, nuestro Diggle está preocupado por el viaje a Rusia. Sabe que el pasado de Oliver allí es cuanto menos oscuro…y le preocupa que el ambiente de Rusia traiga de vuelta a ese Oliver. La respuesta de Oliver habla, cómo viene siendo habitual, del progreso del personaje. 

Él le dice que ahora es un hombre diferente en un momento diferente. Tiene toda la razón. El Oliver de Rusia jamás creyó posible el tener una familia o el ser feliz. El Oliver de ahora, es un hombre completo, mientras que el Oliver de Rusia era un hombre oscuro, atrapado bajo sus demonios y dejándose llevar por sus impulsos más violentos. Oliver ha cambiado y su vida también. Mientras que antes su luz interior apenas brillaba ahora lo llena absolutamente todo. Sin embargo, en este show no todo es tan sencillo como parece. Y así, la aventura en Rusia comienza.

El momento de William hablando ruso y la reacción de Oliver queda para los anales de la historia del show. ¿Dónde aprendió William a hablar ruso tan bien? Es un misterio que me gustaría conocer. ¿Es un buen momento para decir que AMO a Anatoly? Pues lo amo con locura. Él es mi ruso favorito de todos los tiempos. Me río un montón con él.

Mia, al contrario que yo, no está nada contenta. No protesta demasiado pero no le gusta en absoluto que su padre no acepte la ayuda de los hombres de Anatoly, no es lógico rechazarlos. Oliver se excusa en que esos hombres son peligrosos y prefiere mantenerlos al margen, pero la realidad es que tiene miedo de que sus hijos descubran quién fue en el pasado. El tiempo que pasó en Rusia fue realmente oscuro para él y no quiere que sus hijos sepan todo lo que hizo. Tiene miedo de que conozcan esa parte tan oscura de él y lo rechacen. 

Acaba de conocerlos, de empezar a forjar una relación con ellos…perderlos por sus acciones pasadas es imposible de soportar. Pero, como Oliver aprenderá a lo largo del episodio, si no deja que sus hijos lo conozcan de verdad y confía en ellos para que lo acepten tal cual es, nunca podrá tener una relación real con ellos.

Esa voz preocupada de Oliver, tan baja, tan asustada, llena de estupor, cuando se entera dónde se conocieron Mia y William es otro detalle que me ha enamorado. Es impresionante cómo Stephen logra esa inflexión de voz tan paternal. 

El pasado de Mía y la negativa de Oliver de que ella haga precisamente lo que hacía para sobrevivir en el futuro trae el primer enfrentamiento padre e hija. 

Oliver se comporta como todo un padre aquí. No puede ni pensar en poner a sus pequeños en peligro, es sólo demasiado para procesar. El problema es que sus niños ya no son niños. Son adultos y toman sus propias decisiones y riesgos. Oliver hace de sí mismo y pretende sobreprotegerlos tanto que incluso pretende pasar por encima de ellos. 

Para Oliver, Mía y William son sus hijos, sus pequeños, sus niños, y nada ni nadie se va a acercar a ellos, los va a proteger, incluso de sí mismos. Pero el asunto es que ellos no necesitan un guardaespaldas, necesitan un padre que los vea tal cual son: adultos que toman sus propias decisiones. 

Pero eso para los padres es tan difícil…da terror dejarlos volar, simplemente solos ante el peligro. Sabes que se pueden hacer daño, sabes que pueden cometer errores, saben que pueden estrellarse y resultar dañados…pero tienes que hacerlo. Tienes que dejar que se pongan en pie por sí mismos y tomen su propio camino. Tienes que dejar que sean ellos mismos, aunque eso signifique estar terriblemente preocupado toda la vida porque en un abrir y cerrar de ojos todo puede cambiar. 

Para Oliver es aún más difícil porque la última vez que los vio a ambos eran precisamente eso, niños y ahora…no lo son. Y eso trae sus propios problemas.

En el club de lucha, cuando Oliver ve a Mia entre la gente siente tanta rabia de verla allí, de que ella le haya desobedecido y se haya puesto en peligro…esa rabia es la misma rabia que le hace ganar la pelea. No puede ver a Mia ahí. Esa rebeldía de ella le causa un buen dolor de cabeza. Oliver no puede comprender por qué Mia no entiende que sólo quiere protegerla y que nada ni nadie la toque. Pero Mia toma sus propias decisiones y sus propios riesgos, ya no es una niña.

Oliver está tan preocupado por ella que, cuando está perdiendo la consciencia lucha con todas sus fuerzas para no hacerlo y, cuando sabe que no lo logrará, sus últimas palabras es el susurro del nombre de su hija. A él pueden hacerle lo que sea, matarlo incluso, pero a ella que no la toquen.

Tras el secuestro, padre e hija se vuelven a enfrentar echándose en cara sus propios errores. Mía, como es normal, no iba a quedarse quieta sin más. No va a permitir que Oliver decida por ella. Como su padre, es una chica de acción y tiene una misión que cumplir, necesita demostrarse a sí misma y a su padre que puede hacerlo. 

Por supuesto, padre e hija son tan iguales que ambos están obcecados en sus posiciones. Pero hay algo más que Mía necesita saber. Todo el mundo conoce a su padre en Rusia y ella no sabe por qué. Oliver le explica algo de lo que sucedió…y Mía está dolida de que no haya confiado en ella, si no como hija, al menos como compañera de misión. Que su padre no se lo haya dicho…es otro golpe más en todos los reproches que quedan por decir. 

Me parece realmente significativo que Oliver lo confiese todo al ver a Mía en peligro. A él pueden hacerle lo que sea. De hecho, él ha soportado torturas horribles, pero su hija…ella está por encima de todo. No va a dejar que le suceda algo, da igual el precio que tenga que pagar. Ella es más importante que todo. 

Cuando retan a Mía, Oliver vuelve a intentar ir a su rescate ordenándole que no se ponga en esa línea. Oliver sabía lo que iba a suceder y no quería que Mía pasara por eso. Pero, de nuevo, él se equivoca en las formas. Solo ordena, no explica, sólo sobreprotege, no deja que Mía tome sus propias decisiones y confía en ella para superar lo que sea. De nuevo, trata a Mía como la niña que ya no es. 

Por eso, la reacción de Mía, en un acto de rebeldía, es la de ponerse en esa línea. Le da igual para lo que sea, simplemente quiere probar un punto ante su padre y dejarle claro que aunque él no crea en ella, es capaz de lograr lo que se proponga. 

Por supuesto, el problema no es que Oliver no confíe en ella sólo que…pensar en que ella esté en peligro es como un cuchillo que se retuerce en su corazón y no lo puede soportar. 

Oliver contiene el aliento mientras Mía se pone a prueba y cuando ve que no consigue tocar la campana, él sabe lo que viene. Mía también. Y, de repente, ya no importan las peleas, los reproches, las órdenes…solo existe el terror más absoluto. Terror de perderse el uno al otro. 

Se miran a los ojos y se lo dicen todo con esa mirada. “Te quiero” “perdóname” “ojalá hubiéramos tenido más tiempo”. Esa mirada habla más que todo lo que se han dicho hasta entonces. Ambos lo sienten, ambos están arrepentidos de haber pasado más tiempo peleándose que realmente juntos. Ninguno aparta la mirada, queriendo ser lo último que vean…es sólo un segundo pero es el más largo de sus vidas. 

El alivio que ambos sienten cuando esa pistola no se dispara es tan grande que casi podrían echarse a llorar por ello. Tienen una nueva oportunidad. 

Sin embargo, los Queen no son nada si no son cabezotas. Oliver no puede evitar volver a sobreproteger a sus hijos. Quiere dejarlos fuera de toda la misión y, cómo es normal, ninguno está de acuerdo. Ambos fueron responsables de que salieran de ahí con vida, se merecen ese crédito y formar parte de la misión. Han demostrado lo que valen. 

Pero para Oliver no se trata de eso, si no de que son sus pequeños y su primera misión, por encima de todo, es protegerlos. Esa es la primera misión de cualquier padre pero esa misión no puede ester por encima de dejar que los hijos se desarrollen por sí mismos, cometan sus propios errores y aprendan sus propias lecciones. 

Mía y William intentan hacerle ver esto a Oliver. Pueden manejar lo que sea. Lo hacen en el futuro. Pero para Oliver son pequeños, son niños. Hace tan poco que se despidió de Mía cuando ella estaba en su cuna, hace tan poco que dejó a William con sus abuelos. Simplemente no puede…visualizarlos como algo más que niños. Pero lo son.

Oliver le prometió a Felicity que los mantendría a salvo. Y esa promesa y la persona a la que se la hizo son tan importantes que no hay nada, incluido el mismo universo, multiverso, sobrenatural o crisis alguna que le impida cumplirla (qué levante la mano quién se haya vuelto a derretir aquí).

Por supuesto, Mía y William tienen cosas que decir sobre su manera de mantenerlos a salvo. Eso provocó que su familia se rompiera y que no crecieran juntos. Oliver prefiere que lo odien cuanto quieran pero cree que está haciendo lo correcto. Y les pide perdón, perdón por todo el daño que les haya causado su decisión (es la primera vez que se lo pide a Mía) pero…su seguridad está por encima de todo, incluso de su propia familia y de sí mismo. 

Lo que pasaron…lo que él sufrió…todo mereció la pena cuando los ve crecidos, sanos y fuertes. Cuando los ve vivos. Todos los sacrificios merecieron la pena. Fue por ellos. Pueden odiarlo si quieren pero no va a ponerlos en peligro para que no lo hagan. 

Esto no es lo que William y Mía quieren decir. Ellos sólo desean que Oliver los valore y los trate como los adultos que son. Que se de cuenta de que, tal y como sucedió con él y Felicity, ellos eligen su propia vida y los riesgos que desean tomar en ella. Ellos sólo quieren que Oliver los deje ser ellos mismos, y deje de sobreprotegerlos. 

En la conversación posterior entre Oliver y Anatoly (por cierto, me encantan estos momentos) vemos claro muchas cosas. Por supuesto, Oliver no quiere poner a sus hijos en peligro pero una gran parte de él tampoco desea que sus hijos descubran su pasado en Rusia. Oliver sabe que si se mezclan en la misión, su pasado y su presente colisionarán y eso les alcanzará a sus hijos. Ellos descubrirán quién fue entonces y puede que lo rechacen por eso. 

La relación entre ellos es aún muy frágil…quizá no resista ese golpe. Oliver ha visto cómo lo miran. Cómo un héroe, pero si descubren lo que sucedió en Rusia…Oliver tiene miedo de que solo lo miren con desprecio, con asco. No podía soportarlo. 

Anatoly le dice una gran verdad: sus hijos son mayores y pueden manejarlo, pueden comprenderlo. La única forma de que aprendan a ser héroes es descubrir que los héroes tienen sus luces y sus sombras y que, a veces, hay que superar demonios tan horribles que te destrozan por dentro antes de alcanzar la luz. 

El Oliver de Rusia hizo cosas terribles pero también hizo cosas buenas. Sus hijos se merecen saber quién es realmente su padre. Debe dejar de protegerlos y de esconderles esa parte de sí mismo. 

Los niños, cuando son niños, les protegemos de algunas verdades difíciles y dolorosas, verdades que no podrían entender. Pero cuando son adultos, ellos pueden entenderlo y manejarlo, pueden pensar por sí mismos y saber diferenciar entre el pasado y la persona que tienen ahora delante. 

Mía y William se merecen ese beneficio de la duda, se merecen que Oliver supere todos sus miedos, ese terror al rechazo y al desprecio de sus hijos y sea sincero con ellos. 

Oliver debe dejar de sobreprotegerlos. La congoja, ese nudo en la garganta, ese miedo es algo de lo que un padre nunca se libra. Siempre está presente, por muy crecidos que estén los niños y sea cual sea la situación. Es parte intrínseca de ser padre. Pero los padres deben dejarlos volar solos, deben dejarlos desarrollarse y tomar sus propios riesgos, deben dejarlos decidir por sí mismos y tener la confianza de que lo harán bien. Eso es lo que debe hacer Oliver. 

Además, ya llegó la hora de que Oliver acepte y supere lo que sucedió en Rusia. Debe perdonarse a sí mismo y tener paz sobre todo lo que sucedió allí, solo así podrá realmente seguir adelante y olvidarlo. Oliver tiene que dejar de esconderse de sus hijos y de sí mismo. Por fin, lo hace. En la lucha reconoce el nombre que le dieron en Rusia y más tarde, es capaz de ser sincero con sus hijos. 

Al final del episodio, la invitación de Oliver para que Mia y William vayan con él a la misión es su forma de reconocerles que tenían razón y que los necesita, que llegó la hora de tratarlos como los adultos que son. La aceptación de ambos a esa propuesta es una comunicación sin palabras de que aceptan esa disculpa de Oliver. Ese perdón se materializa en la escena final cuando Oliver pone en palabras su disculpa. Nunca dejará de preocuparse por ellos o de querer protegerlos, pero los tratará como adultos que son y dejará que tomen sus propios riesgos, confiando en que sepan gestionarlos.

Además, en esa escena Oliver por fin empieza a abrirse a ellos y les cuenta la otra parte de la razón por la que no quería que participasen en la misión: el miedo a que descubrieran quién fue. Oliver es consciente de que no fue una buena persona. Hizo cosas horribles y simplemente no quería que sus hijos conocieran esa parte de él por miedo al rechazo. Pero esa parte oscura de él forma parte de sí mismo. Y solo debe explicarles todo a sus hijos y esperar, tener la esperanza de que comprendan que era un hombre diferente. Pero sus hijos deben conocerlo, todo de él, incluso las partes más oscuras y tenebrosas. Por eso les empieza a contar su historia y todo lo que quieran saber. No tiene por qué esconderles nada, ya no.

Nuestras experiencias marcan quienes somos hoy en día, Oliver no es la excepción a eso. Sí, hizo cosas terribles, pero también hizo cosas buenas y todo lo que vivió, oscuro y luminoso, bueno y malo, lo ha llevado a ser el hombre y el héroe que es hoy en día y sus hijos merecen conocer a ese hombre, tanto sus luces como sus sombras. Ahora es cuando lo empiezan a hacer.

La relación entre Mía y Laurel se sigue afianzando con vistas al spin off. Ha sido Laurel quien ha conseguido que Mía se abriera un poco y dijera parte de lo que estaba sintiendo. A parte de sus problemas con su padre, ella misma se siente inútil. Tenía un reto por delante y no ha podido tocar esa maldita campana a tiempo. Ese fallo podría haberlos matado a su padre y a ella. 

Además, Mía ha visto que Oliver tiene sus propios trucos y la supera en varias cosas. Eso la hace sentirse desorientada e insegura. Todo eso se une al hecho de que no pudo salvar a Zoe. Todo su entrenamiento y sus habilidades no sirvieron para salvarla, al igual que no sirvieron para poder tocar esa maldita campana a tiempo ni para poder vencer a su padre. 

Esto, unido al hecho de que cada vez que intenta demostrar a su padre y a sí misma que sí es útil y necesaria, su padre frustra todos sus intentos. Ella necesita más que nunca demostrarse a sí misma que no es una inútil pero también necesita demostrárselo a su padre, que él vea que no es una niña pequeña e indefensa. Necesita más que nunca su aceptación y su beneplácito, su respeto. Y su padre no se lo da. Siempre ha deseado tener a su padre a su lado, que la mire con orgullo, que la incluya en toda su vida y ahora…no lo hace. Eso la frustra, la enfada pero sobre todo le duele. 

Por supuesto, ella no es ninguna inútil sólo que a veces las misiones salen mal y su padre tiene más experiencia que ella. Y Oliver no la sobreprotege porque no confíe en ella o no la respete si no porque así es él, no puede pensar en que su hija esté en peligro y no protegerla, simplemente dejarla…no está en él no sobreproteger a los que más ama. 

Pero Mía se siente así. Se siente tan…inferior e insuficiente. No lo suficientemente buena para proteger a Zoe. No lo suficientemente buena para que su padre la incluya en sus planes. Y no lo suficientemente buena para superar un simple reto de lucha. Laurel evita que Mía se deje atrapar aún más por sus propios demonios. 

Solo debe ser ella misma. No pensar en nadie más. En esa vida sufrirá pérdidas y perderá algunas veces, se caerá…pero el quid de la cuestión es que no se rinda nunca. Y en cuanto a Oliver…es sólo como es él, no puede dejarla en peligro sin más. Luchará para protegerla tanto como pueda, incluso luchando contra ella misma y sus decisiones. No es correcto, pero Oliver es humano…y así es Oliver Queen: sobreprotege a los que más ama.

En paralelo a la misión en Rusia, hemos visto una misión en solitario de Diggle y Roy. Tras conocer lo que sucede en el futuro, Diggle va a buscar a Roy para evitar que acabe en la isla, aislado de toda su familia. Roy intenta seguir adelante y superar su sed de sangre pero se siente indigno de estar con Thea, con el resto del equipo y de ponerse su traje de Arsenal. No se ve como un héroe, si no como todo lo contrario. 

Diggle intenta hacerle entender que al final logrará superar su sed de sangre pero solo lo haré para vivir preso de sus propios demonios. John ha acudido a él para cambiar eso. No tiene por qué vivir así. La sed de sangre se puede superar, pero necesita ayuda para ello. El equipo son su familia y Diggle solo quiere…que se deje ayudar. Para eso está la familia, para ayudar en lo que sea sin preguntar nada. El aislamiento no es la solución. 

Roy se ha puesto a prueba cuando ha tenido que noquear a un guardia. No ha sido fácil pero con ayuda de Diggle, ha podido parar a tiempo y eso, menos mal, lo convence para luchar al lado de su familia y dejarse ayudar por ellos. Roy ya sabe el futuro del camino que estaba recorriendo: un aislamiento en Lían Yu. Pero la sed de sangre no impide que Felicity o el resto de su familia confíe en él, tampoco debe ser impedimento para que confíe en sí mismo. 

Me alegra mucho que vayamos a ver a Roy de nuevo en el equipo, es la mejor despedida que se le podía dar al personaje que encontró su camino gracias a Oliver y al resto del equipo.

La traición de Lyla alcanza un nuevo máximo cuando va a ver a Laurel para pedirle ayuda y que ambas traicionen a Oliver. Lo cierto es que Laurel le dice unas cuentas verdades. Yo tampoco comprendo que Lyla esté haciendo esto a espaldas de Oliver y de su marido, Diggle. No entiendo por qué traiciona a los que más ama. 

Está claro que ella piensa que está haciendo lo correcto para salvarlos y protegerlos y que su única intención es esa, a pesar de que hay un alto riesgo de que los pierda por el camino, para Lyla, es un precio pequeño a pagar si ellos están seguros, de hecho, se ve la desesperación en su cara. El arrepentimiento y la certeza de que está haciendo lo correcto pugnan en el interior de Lyla. Pero, ¿es que Lyla no ha aprendido nada a lo largo de los años? Los secretos no son la mejor política en la familia.

Dicho esto, es irónico que Laurel sea quien le intente dar una lección a Lyla sobre traicionar a sus seres queridos cuando ella se dispone a hacer lo mismo.

Efectivamente, Laurel ha ido a Rusia dispuesta a conseguir esos planes y entregárselos a Monitor, para poder recuperar su Tierra. Sin embargo, algo ha cambiado en Rusia. Y ese algo no ha sido más que la confianza de las personas que la rodean y el hecho de que Laurel ha podido vislumbrar un futuro muy distinto a traición y desconfianza. Eso es lo que siempre ha deseado…que alguien confíe en ella y le dé una oportunidad. 

Oliver ha confiado en ella para obtener el dispositivo sin ningún tipo de duda; Mia le ha hablado del futuro, un futuro donde ella es la salvaguarda de la ciudad y no su verdugo, donde tiene personas en las que confiar, a las que cuidar y que confían en ella y, por último Anatoly.

Su pasado es turbio. La última vez que se vieron ambos trabajaban para Cayden con la misión de destruir la ciudad y a Oliver y ahora, ambos lo están ayudando. Anatoly no creía en el cambio de Laurel. 

Puede que él haya cambiado en apariencia, pero siempre ha tenido muy claro quién es y es alguien oscuro que ama a Oliver Queen, le tiene un cariño especial y eso hace que quiera ayudarlo pero que también quiera destruirlo si se siente dañado lo suficiente por él. Es así, Anatoly no conoce los términos medios. Su mundo es violento, es sangre, dolor y sufrimiento y así es como él ama, capaz de darlo todo por un hermano pero también capaz de matarlo si siente sus acciones como una traición.

Laurel, por el contrario, es distinta. Ella no quería dañar a Oliver por percibir sus actos como una traición si no simplemente por el placer de hacerlo, era un medio para un fin. Anatoly no cree que una persona pueda cambiar tanto como para pasar de eso a ayudar a la persona y a la ciudad que quería destruir. Sin embargo, ve a Laurel realmente hacerlo, ayudar sin esperar nada a cambio o sin tener un motivo ulterior para ello. 

Por lo tanto, reconoce ante ella su error y ese es el empujón que le faltaba a Laurel para tomar la decisión de cortar con ese círculo vicioso de traiciones y secretos.

Laurel le deja claro a Lyla que no traicionará a Oliver pero, es más, se lo ha confesado todo tanto a él como a Diggle, para que sepan lo que está sucediendo. 

La cara de traición de Diggle mientras preguntaba “¿por qué?” y “¿qué has hecho Lyla?” creo que lo dice todo. Es un puñal clavado en el corazón de Lyla y en el mío propio. Y ese final, con un secuestro preparado, como si supiera que Laurel se iba a echar atrás. Es…desolador.

En otro orden de cosas, he ADORADO ver a Oliver entrenando a su hija. Es como un sueño hecho realidad, un pequeño gran regalo. Mia es nuestra nueva Green Arrow y quién mejor para entrenarla que quién le va a pasar el testigo, su padre. Además esa escena de entrenamiento con las flechas es un reflejo de la season 1, igual que el entrenamiento de lucha con palos nos recuerda a la season 2. Es como un viaje nostálgico al pasado pero con la incorporación del futuro del legado de Oliver. Realmente especial. Al igual que ver a William en la silla de Felicity. Maravillosa esta escena completa.

En cuanto a los stunts, al no haber sido un episodio en el que resalte especialmente la acción, no han tenido mucho protagonismo pero, por supuesto, destaca la pelea de Oliver y la de él y Mia en ese club de lucha, además de la de Mia en solitario en el reto de tocar la campana. Simplemente ¡WOW!

CONCLUSIÓN

En conclusión, el episodio sigue la estela de los anteriores y el aspecto emocional es el que más sobresale de todos. Está perfectamente bien tratado y podemos comprender las motivaciones y sentimientos de cada personaje, sobre todo en cuanto a Oliver y sus hijos. Los tres actores tienen una química tremenda en pantalla y eso ayuda muchísimo a hacerlo todo más creíble, más real. Lo cierto es que, tal y como sucedió en el anterior episodio, nos han hecho partícipes de la historia.

Si en el anterior episodio echamos de menos más interacciones Oliver – Mia, en este se han resarcido con creces. Aunque es cierto que creo que sólo hemos rascado la superficie entre ambos personajes. Es como si al principio de este episodio hubiera una gruesa capa de hielo entre ambos personajes y al final del episodio, esa capa se ha roto, pero aún falta fondear el agua que todo ese hielo escondía.

Al fin hemos visto un corazón a corazón entre padre e hija y una conversación abierta entre Oliver y sus hijos. Hemos sido testigos de los miedos de ambos personajes, de sus inseguridades y de sus recelos. Pero es sólo el principio. Aún quedan muchas cosas por decir y muchas heridas que sanar. Pero todo tiene un principio y era necesario romper ese hielo que mantenía a los personajes alejados, fríos entre ellos y algo inmóviles. Este episodio ha sido un primer paso necesario en la relación de Oliver con su familia, sobre todo con su hija.

En definitiva, un brillante desarrollo emocional de los personajes, junto con nuestro amado Anatoly, un par de muy buenas escenas de acción y alguna que otra sorpresa final, hacen el cóctel perfecto para un episodio completo y bastante redondo.

Y hasta aquí la crítica del 8×05 de Arrow. ¿A vosotros qué os ha parecido el capítulo? ¡No dudéis en comentármelo!Nos leemos dentro de dos semanas con el 8×06 “Reset” y recordad que podéis disfrutar de este episodio el 28 de noviembre a las 22:50 en SYFY

Por Raquel

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

A %d blogueros les gusta esto: