El reality en el que el sexo puede salirte caro

Oops I did it again. Ya lo dijo Britney Spears en sus inicios musicales y ya lo digo yo durante esta cuarentena, mi ciela. Netflix se ha propuesto curar nuestra depresión tonta (como bien relata la Tusa) a base de nueva carnaza en su catálogo. Correcto, no nos lo hemos pensado ni un solo segundo. Hemos finiquitado esa joya bautizada como Too Hot to Handle para los angloparlantes. Cariña, es el momento de que te hablemos de Jugando con Fuego: El reality en el que el sexo puede salirte caro

Como fieles amantes de la telerrealidad más penca ya le echamos un ojo a The Circle (en todas sus versiones, ¡ojo!) y Love Is Blind. ¿Íbamos a frenar en seco este camino espiritual que nos estaba llevando hacia el Nirvana televisivo? La respuesta es no. Conozco mis derechos y entre ellos está el recibir una buena dosis de reality para mantener a raya mi repudio por la raza humana.

Jugando con Fuego se compone de ocho capítulos. Todos ellos bien cargados de situaciones que te harán retorcerte de la risa en el sofá hasta las tantas de la noche. ¿Que es justo lo que buscamos en estos días? Sí. ¿Que el programa se acaba haciendo demasiado corto? Pues también.

Por si no te has coscao y no eres consciente de la magnitud de lo que hoy tenemos entre manos trataré de resumírtelo en un titular: grupo de buenorros luchan contra sus instintos sexuales para ganar un premio de cien mil euros. Amiga, atrévete a decirme que no es lo mejor que has escuchado en tu vida hasta el día de hoy. ¡Atrévete!

Solteros, pulidos en el gimnasio y más calientes que el cenicero de un bingo. Así llegan nuestros diez protagonistas a un idílico resort de lujo para pasar una estancia de un mes. Aunque ninguno de ellos se imaginaba es que iba a haber un premio final y, mucho menos, que ese premio estuviese sujeto a ciertas reglas. Dichas reglas abarcan el nada de besos, toqueteos y, por supuesto, hacer un testeo en pareja de la calidad del colchón de las habitaciones. Si algunas de estas normas son incumplidas empezará a reducirse el dinero del bote. O sea, en serio, se desata una situación que es la risa.

En ese momento es cuando Lana entra en el juego. Espera, espera, espera, ¿pero quién narices es Lana? Se trata de una especie de asistente personal en forma de cono que velará día y noche por la castidad de los concursantes. ¡Ya quisiera Siri, también te lo digo!

El propósito de restringir la actividad sexual de estas diez personitas es básicamente el tratar de lograr que inicien la búsqueda de algo más profundo que un revolcón a la salida de una discoteca con la boca impregnada de vodka de garrafón y sabor a vómito. ¿Lo conseguirán? ¿Lograrán encontrar esa conexión más allá de lo físico con alguno de sus compañeros? Amiga, tendrás que verlo para encontrar la respuesta aquí no vamos a spoilearte porque ante todo somos buenas personas (aunque no lo parezcamos) y respetamos.

En este complicado camino el programa pone a disposición de los concursantes una serie de talleres para lograr abrirse mucho más los unos a los otros. Sobre todo los hombres, que la mayoría tienen comportamientos que dan algo de repelusín y te da cosita respirar con tal de no compartir el mismo oxígeno que ellos.

Sí, mi ciela, se montan talleres como mirarte el pepe con un espejo de mano y decirle cosas bonitas, bondage (para los menos avispados: atarte de pies y manos), pintura corporal… Todo sea por sacar los sentimientos al exterior y hacerlos mejores personas mientras tratan de incumplir el menor número de normas posible. De lo contrario el premio final se verá reducido a una ridícula cifra con la que no podrán comprar ni un misero huevo kínder en el duty free del aeropuerto al regresar a casa.

¿Qué es lo mejor de Jugando con Fuego? El programa cuenta con un buen puñado de razones para convertirlo en una de nuestras creaciones preferidas de Netflix. En primer lugar, el casting. Diez personas de lo más vanidosas seleccionadas minuciosamente con el fin de dar juego minuto a minuto. Saben que están buenos, que son tontos (incluso la propia Lana bromea constantemente con las pocas luces que gastan sus invitados) y que les encanta el sexo casi más que comer con las manos.

Otro de sus grandes puntos a favor es que se trata de un formato que está en constante cambio. No hay dos días iguales dentro del reality gracias a sus inesperados giros, nuevas incorporaciones, las nuevas normas que irrumpen en el día a día… No hay dos programas que se parezcan lo más mínimo y desde aquí solo puedo decir una cosa: agradecida, emocionada, solamente puedo decir gracias por venir.

Nosotros tenemos muy claro que nos es muy necesaria una segunda entrega del programa porque vernos estos ocho capítulos de una sentada nos ha sabido a poquísimo. Netflix, hagan caso de lo que les digo como máxima autoridad en materia de mamarracheo. Queremos una nueva edición con más petardeo, con un casting que seguramente no haya pasado la ESO y muchos pleitos para empaparnos bien de miseria humana.

Desde Seriéfilos Enfurecidos queremos recomendarte esta maravilla audiovisual sin precedentes porque Jugando con Fuego llega en el momento justo para alegrarnos estas largas noches de partidas interminables al Parchís STAR. De nada, mi ciela.

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Fran

Cago, odio y me spoileo a partes iguales. Mi animal espiritual es Belén López Vázquez (3°B) y todo lo que sé sobre el amor lo aprendí gracias a Pasión de Gavilanes. Yo por mis series MA-TO.

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