Tú. Tus series. Y punto.

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Pocas campañas publicitarias han acertado tanto como lo hace esta frase. Y es que, desde hace tiempo, las series televisivas han experimentado un auge exponencial, llegando incluso a colonizar casi toda la franja horaria de algunos canales. Ya desde los años 60 —del siglo pasado, anda que no ha llovido— las cadenas televisivas comenzaron a apostar por ellas, haciéndoles un hueco en su parrilla televisiva, el cual fue cada vez mayor. La temática, variedad y calidad es tan amplia que raro es el individuo que no encuentra una serie a su medida.

Pero, ¿cuáles han sido las causas? En este artículo intentaré explicar, según mi punto de vista, los motivos que nos han llevado a vivir “la edad de oro” de las series.

Complicidad.

Da igual cómo de fácil resulte acceder a un producto, a una serie o a cualquier otra cosa. Si el público no empatiza con la trama, los personajes o el proyecto en sí, dará igual que se emita en prime time o que se pueda descargar. No funcionará. Muchas series con presupuestos millonarios, actores de primer nivel y producciones épicas se han ido por el sumidero tras cuatro capítulos emitidos. Si a la gente no le gusta será un fracaso por mucho marketing que se haga.

Y es que cada persona que disfruta de una serie se identifica con alguno de sus personajes, se ve reflejado en ellos o, simplemente, se evade mientras la ve. No podemos negar que les cogemos cariño, incluso nos afecta —de un modo sano, si no es sano ve al psicólogo— lo que les ocurra. Seamos sinceros: queremos más y más temporadas cuando una serie nos atrapa.

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Calidad.

Si hay calidad, el anterior punto será inmensamente más fácil y las productoras lo han entendido a la perfección. Es cierto que, históricamente, las televisiones han tratado de implementar ciertos estándares a su ficción, pero es de un tiempo a esta parte cuando ese salto ha sido cualitativo y bastante grande: HD, excelentes guiones y mejores direcciones (J.J. Abrams dirigió la T1 de Almost Human), presupuestos millonarios —que se mantienen a duras penas a pesar de la crisis— y la predisposición de grandes actrices y actores a dar el salto del cine a la pequeña pantalla, cuando antes era justo al contrario, atraídos por papeles y producciones tan suculentos como rentables. (Sigourne Weaver en Political animals, Kevin Bacon en la magistral The following, Glenn Close en Daños y perjuicios (Damages), Jessica Lange  —mi adorada Jessica— en American horror history, Kevin Spacey en House of cards o el difunto Robin Williams en The crazy ones  son algunos de los muchos ejemplos de ello)

En definitiva, una apuesta clara por dotar a las series de calidad y excelencia.

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Facilidad.

Las cadenas televisivas, primeras emisoras de series, han replanteado su estrategia para facilitar a los espectadores su visionado. Se ha pasado de la única emisión del capítulo a las diez y media de la noche a ofrecer un amplio espectro de horarios a elegir. Además, los grandes “imperios” audiovisuales han creado canales temáticos, incluso monotemáticos, donde las series copan la parrilla. No hay más que echar un vistazo a la TDT (FdF, BOING, NOVA, NEOX…) para darse cuenta de ello.

No solo las TVs en abierto han variado su estrategia. Es en las plataformas de pago donde el impacto adquiere su máximo exponente. Cualquier Tv de cable, de satélite o de internet disponen de una serie de canales, —que suelen ser los mismos— los cuales ofrecen series de los más diversos estilos en los más diversos horarios. (AXN, FOX, TNT, SyFy…) ¿No pudiste ver el último capítulo de TBBT? Da igual, te lo ofrecemos hasta la saciedad a la hora que mejor te venga, desde el domingo por la mañana hasta el martes de madrugada. Dichos canales parecen haber virado hacia una “especialización” en cuanto a contenidos, identificándolos al momento con las series que podemos encontrarnos en su programación.

Pero no solo es esta especialización lo que da tanta facilidad. Cada plataforma de pago —al final pertenecen todas al mismo grupo— ha creado su propio canal de series. Así, por ejemplo, movistar ha lanzado recientemente su opción, Canal+ tiene su dial de series —lo que lo hace especialmente atractivo dadas las series en exclusiva que emite (Juego de Tronos, por ejemplo)— y, en definitiva, cada plataforma hace su propia selección para dar aún más facilidad a su público.

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Descargas.

Sin duda, un salto cualitativo —aunque aún insuficiente— en cuanto a los servicios complementarios de los canales de pago: el Video Bajo Demanda. Por fin, estos imperios audiovisuales se han dado cuenta de que no basta con ofrecer canales y horarios variopintos a sus televidentes. En la era de internet hay que ir un paso más allá y ofrecer estas series para descargar y poder ver en HD cuando y donde el público quiera. A mi entender es la única manera de competir con las descargas ilegales, las cuales trataré después. El funcionamiento del Video Bajo Demanda es muy sencillo: quiero este capítulo —o esta temporada— y lo quiero ver en HD en mi televisor. ¿Por qué no? Soy abonado a su TV, déjeme disfrutar de sus contenidos cuando y donde quiera, para eso pago. Como digo, el Video Bajo Demanda es un gran paso, pero sigue quedándose corto. Además de todo esto cabe destacar que las cadenas en abierto ofrecen en sus webs el visionado de los capítulos emitidos, aunque la mayoría de estas series suelen ser de producción propia. (Águila Roja, Cuéntame, Velvet, La que se avecina…)

Otro aspecto importante es la posibilidad de grabar contenidos que ofrecen las plataformas de pago y que permiten visionar el capítulo en el horario que más te convenga.

No podía dejar este punto sin mencionar servicios como Wuaki Tv, Nubeox o Netflix, ya que la actual forma de entender la televisión camina, a mi entender, hacia ofertas de contenidos similares a estos. TV a la carta y sin restricciones, señores CEOS de empresas audiovisuales.
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Páginas de enlace.

Sin duda, el punto más espinoso de todos. Una conexión a internet es —o era, la nueva ley de propiedad intelectual ha puesto coto— suficiente para tener al instante acceso a todas tus series. A mi entender, y repito, es a mi entender, no me parece lícito que estas webs se enriquezcan por la publicidad que generan mientras piratean contenidos de terceros. No voy a entrar a analizar esta cuestión, la cual daría para otro post y posterior debate, pero no deja de ser cierto que mucha culpa del auge de estas series se encuentra en la facilidad que se tiene para acceder a ellas a través de internet. Estas webs de enlaces ofrecen un listado completo, tan completo que incluso dan la posibilidad de visionar series, capítulos o temporadas que no se emiten en TV. Luego, ¿es todo malo o es todo bueno? Sin duda daría para otro post.

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La crisis.

La situación económica nos ha golpeado a todos. No voy a entrar a valorar este hecho, ya se escriben ríos de tinta cada día, y mucho menos me voy a poner en la piel de quien ha sido golpeado con una virulencia bestial, no es el sitio ni es el post, pero es cierto que la crisis ha variado sensiblemente nuestros hábitos de ocio. A menos ingresos hemos de recular hacia casa. Y esto es tan cierto como que, en nuestro hogar, pretendemos mantener un nivel de vida similar al que manteníamos antes. Así, sacrificamos cines, cenas, copas en pubs, salidas… y destinamos ese dinero a nuestra casa. Todo ese dinero y todo ese tiempo, para qué negarlo. Un buen maratón de nuestra serie favorita es un plan alternativo perfecto para el sábado noche, dos capítulos son ideales para suplir un cine y una pizza delante de la tele mientras vemos el último capi sustituye a la cena de restaurante.

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No me gustaría cerrar este post sin analizar a grosso modo lo que ocurre con las series en España. Y es que, para qué negarlo, hacemos una excelente ficción, superando de lejos al cine patrio. Esta cuestión, por fortuna, se está solucionando.

Históricamente, como decía antes, la TV en abierto ha intentado dejar la máxima calidad en sus ficciones, pero es la TV pública la que, sin duda, alcanza cotas de calidad que rozan la excelencia. (Curro Jimenez, Verano azul, Turno de oficio, Los misterios de Laura o las recientes Isabel y Cuéntame)

Además de la pública, el resto de cadenas no se quedan atrás, ofreciendo temas tan variados que van desde la ingeniosa astracanada de La que se avecina hasta bio pics de personajes históricos, pasando por series tales como Farmacia de Guardia, Al salir de clase o El chiringuito de Pepe.

Series perfectamente ambientadas y documentadas, con un atrezzo,  vestimenta y puesta en escena envidiables, así cómo un presupuesto bastante alto, propician que tanto RTVE como el resto de cadenas en abierto ofrezcan un producto digno y de una calidad que, a mi entender, nada tienen que envidiar al resto del mundo seriéfilo.

Este es mi análisis, muy resumido, de la situación actual de las series. Seguramente me haya dejado mil cosas en el tintero o en el iPlus, pero no era cuestión de aburrir, más bien de entretener e intercambiar opiniones.

¡Disfrutad mucho, seriéfilos enfurecidos!

Por Francisco H. (Twitter: @Fhergueta)

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Autor entrada: Seriéfilos Enfurecidos

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