The Vampire Diaries 8×08: We have History Together

Varias semanas habían pasado ya desde aquella cena de navidad que nos ofrecieron en Mystic Falls. Varias semanas del comienzo del nuevo trato y la nueva “vida” de los Salvatore bajo las órdenes de Cade, donde nos dieran una pequeña muestra de lo que estaba por venir de ahora en adelante. Un año, nos han prometido al menos un año así.


Todos sabemos como se las gasta Damon con el famoso interruptor de la humanidad apagado, lios, caos, muerte… pero lo que ocurre en el caso de Stefan es una masacre allá por donde pase. Y sabemos que por mucho que quiera evitar convertirse en el famoso rippah, tarde o temprano acaba cayendo aunque sea temporalmente.

Es por eso que la serie vuelve del parón mostrándonos a los hermanos en plena nueva tarea. Jugando a los mismos juegos que Damon jugó en la primera temporada junto con Enzo. Buscando a los más malvados, provocando a los menos, sacando lo peor de cada uno para tener motivos para matarlos. Nada que no esperáramos, sin embargo hay algo que destaca. Algo en Stefan. Parece que se está tomando en serio eso de retenerse y no llevar a cabo una masacre cada vez que mata o se alimenta de alguien. ¿No nos suena esta historia ya?

De vuelta en Mystic Falls descubrimos un nuevo juguetito mágico de los que tanto les gusta. Porque el diapasón (o como ahora se empeñan en llamarlo, El Bastón de Arcadius) no es la única, AHORA TENEMOS UNA CAMPANA. Sí, sí, te quedas to loco/a lo sé, y más cuando te enteras que la creación de dicha campana corrió a cargo de la familia Maxwell, aka, la familia paterna de Matt. Para más inri, Peter, el padre de Matt, tiró la campana, o más bien parte de ella, al río hace unos 25 años.

Pero no es tan ridícula la idea de la campana, ya que el diapasón y la famosa esfera que ya vimos antes, forman lo que sería el badajo de la campana mágica. Y si ya el diapasón dejaba fuera de juego a las sirenas, el sonido que puede producir esa campana es mil veces ampliado. Que también te digo una cosa, si no funciona, con tirarle al campanón encima lo mismo se las cargan también.

Y todo mientras veíamos la jugada maestra de Stefan para espabilar a Damon. Tenemos que darle crédito a los encargados de casting por encontrar una actriz que realmente puede recordar a Elena en muchos aspectos, no solo en el hecho de que se dedique a la medicina, sino en el aspecto físico, en los gestos, EN LA VOZ. Eran indudables los paralelismos y ha pasado factura en Damon, que ha sido el mayor damnificado después de la propia Tara.

Stefan se ha encargado de sacar el lado más “malvado” de Tara para poner a prueba la humanidad de Damon, la cual parecía estar apareciendo a ratos debido al collar de Elena que Caroline le había entregado. El mayor de los Salvatore se ve empujado a cumplir los deseos de su hermano y a deshacerse tanto del collar como de Tara. Pero no es más que otro efecto de esta humanidad parpadeante que tiene. Ahora hace esto pero momentos después vuelve a recuperar el collar. Damon se encuentra en un limbo entre la humanidad y la no-humanidad. Esto mientras Stefan destapa de nuevo su lado rippah. Un nuevo recordatorio de que ni los malos son tan malos ni los buenos tan buenos.

La última escena del capítulo, es una de esas pequeñas-grandes cositas que nos están dejando estás dos últimas temporadas. El cómo vemos a Damon manteniendo una conversación con mucho significado y sin ninguna pretensión, a la vez que vemos a Stefan, trazando su destructivo plan a corto plazo. El paralelismo entre el hermano “malo” abrazando su lado “bueno” mientras recupera el colgante de Elena, y el hermano “bueno” abrazando su lado más destructivo volviendo a ser por lo que es temido. Y esto mientras suena una canción de Michael Malarkey (aka Enzo en la serie).

La nueva actitud de Stefan va a complicar el trato con Cade y lo que no es el trato.

 

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Autor entrada: Almu

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