Series y finales que dieron auténtico terror: Especial Halloween

Treinta y uno de octubre. Al fin ha llegado la noche más terrorífica del año, y no, no te hablo de ese sábado cuando tú, alma perreona, estabas on fire en la discoteca bailando el Sin Pijama y de repente te cruzaste con tu ex y te pegó toda la bajona. Hoy es Halloween y el cuerpo lo sabe.

Efectivamente, querido enfurecido, es ese momento en el que pasar un mal rato está más que justificado. Es bien sabido que la vida del seriéfilo es un Halloween constante, sí, ya tú sabes, cancelaciones, muertes injustificadas, shippeos que no llegan a nada… Puro terror, básicamente.

Hoy no venimos a abrir un melón sino el melonar entero porque estaremos todos de acuerdo en que no hay nada que de más miedo que un mal final. Un cierre pésimo puede provocar parálisis del sueño y daños emocionales irreversibles según diversos estudios llevados a cabo por la Universidad de Houston. Y me vais a perdonar pero yo lo que diga Houston va a misa.

«Píntanos como una de tus chicas francesas»

No podríamos hablar de finales más o menos reguleros sin hacer mención a la traca mamarracha de última hora que se marcó Pretty Little Liars. Los guionistas cogieron los elementos más absurdos habidos y por haber en la historia de la televisión y los incluyó en un final que nos dejó más helados que el mismísimo Walt Disney.

Después de ocho años de idas y venidas en los que hasta tu madre había sido sospechosa de esconderse bajo la identidad del ya eterno «A» todo se resumía en un final digno de una telenovela turca de Divinity. ¡Una gemela malvada! Todo un derroche de ingenio e imaginación nunca antes experimentado por la raza humana.

Pero no, amigo, no creas que solo al otro lado del charco se mete la pata de manera estrepitosa. Corría el caluroso verano el 2008 cuando una de las series más exitosas y longevas del momento estaba por finalizar. Los Serrano, en Telecinco, nos enseñó a lidiar con Antonio Resines más de cinco minutos en pantalla. Ojo, y con Fran Perea wefjwdkhakvh vb jid, perdón, me he dormido sobre el teclado al escribir su nombre.

«Somos una familia más disfuncional que la de las Kardashians pero todo controlao»

Después de ocho temporadas en las que nos colaron hasta la más increíble de las tramas, nos prometieron un final digno de recordar y así fue. Todo cuanto nos habíamos tragado durante años resultó ser un sueño de Resines. Y se quedaron tan anchos. Queremos suponer que gran parte la culpa de esto la tenemos nosotros y que todo se trata de una especie de contraprestación del karma y el universo.

¿Creías que en el día de hoy no iba a haber sitio para las sitcoms? Pues ya te digo yo a ti que sí. Si hay otro cierre que nos de más miedo que hacer una sesión de espiritismo de hora y media para contactar con la difunta carrera musical de Thalía Garrido ese es el de How I Met Your Mother.

«Es que era un final que se veía venir desde el principio», «es que estaba claro como iba a acabar», «es que PATATAS»… ¡que sí, que me da igual! Pero que el final de ‘How I Met Your Mother’, NO FUE BUENO. Y el problema en sí (para los que tenemos un problema con el final, porque increiblemente hay personas que no) no fue que Ted Mosby (Josh Radnor) acabara con Robin Scherbatsky (Cobie Smulders) en lugar de con la madre. El problema real es, como en unos escasos minutos, SE CARGAN AL PERSONAJE POR EL QUE HEMOS ESTADO ESPERANDO NUEVE TEMPORADAS. Visto y no visto. Además un personaje con el que ya nos habíamos encariñado durante la última tanda de capítulos y con muy pocas explicaciones.

«Uy, pues parece que están lloviendo las críticas»

¿Que el hecho de que Ted le estuviera contando TREMENDA historia a sus hijos fuera para pedirles permiso para salir con la tía Robin? Vale. Pero colegui, organiza la serie de otro modo que no nos llevemos tremendo varapalo. Porque ya no fue solo el desenlace apresurado de Tracy (Cristin Milioti), la madre en cuestión, sino que lo mismo pasó con otros personajes y relaciones que se habían construido con los años, como eran Barney (Neil Patrick Harris) y Robin. Aunque también os digo, que si lo que hicieron en un trozo de capítulo lo llegan a hacer en varios o durante toda una temporada, entonces se hubieran comido los mocos fuertemente con la audiencia. Aún así, HIMYM es una serie que seguimos recomendando pese a su final.

En cuanto a desilusiones, y daños a nuestro minúsculo corazón, ocasionadas por la temática sentimental en plena recta final seriéfila nos es imposible no acordarnos de Carrie Bradshaw y de Sexo en Nueva York.

Sexo en Nueva York pasará a la historia por contar con la icónica figura de Carrie: una mujer independiente y todoterreno que no necesitaba ninguna figura masculina a su lado para conseguir lo que se propusiese. Durante seis temporadas vimos a varios hombres llegar a la vida de Bradshaw con más o menos éxito pero finalmente pasaría a quedarse con Mr. Big.

Sex and The City Ft. Paloma Urban Fashion

El mensaje y las enseñanzas que nos había transmitido la propia Carrie durante años poco, o nada, tenían que ver con su decisión final. Formar junto a John James Preston una de las parejas más tóxicas de la pequeña, y gran pantalla, no fue una buena idea en absoluto. Ella dejó muchas cosas de lado por el amor y él… Bueno, él digamos que era un coñazo del tamaño de una catedral. Rico, con terror al compromiso, egoísta, mujeriego… Todo lo que jamás se mereció ninguna mujer de Nueva York o de cualquier otra parte del mundo.

Aunque si hubo un final que nos dejara con los cojones de corbata y mucha ira acumulada ese fue el de Gossip Girl. La Reina Cotilla nos empapó durante cinco años de los chismes más jugosos de la alta sociedad aunque no perdonamos ese trágico reveal.

«Who am I? That’s a secret I’ll never tell…» Los cojones treinta y tres. ¿Después de siete años resulta que el «chico solitario» es Gossip Girl? Ocho letras, dos palabras: UNA MIERDA. Respecto a todo lo demás, benditos Chuck y Blair, gracias al universo por los outfits y por las ocho temporadas bien mamarrachas de las cuales tres se las pasaron llevando diademas. XOXO, Gossip Enfu.

«Jajaja, me matas Blair. Tú y tus chistes de Lepe son sensacionales»

Para terminar, como era de esperar, hemos optado por sacar a la luz el premio gordo. Esa espinita seriéfila del tamaño de secuoya centenaria que tenemos atravesada de lado a lado de nuestro corazón. Amigas, es el turno de Juego de Tronos.

¿Por dónde empezamos a desgranar este terrorífico final? El último capítulo de la más que aclamada serie de HBO sigue la estela de la temporada compuesta de cinco capítulos más: un sinsentido de tomo y lomo. Benioff y Weiss (esos maravillosos guionistas), a saber en qué momento, deciden que la espectacularidad debe sobreponerse a la lógica y la trama de la serie, haciendo y deshaciendo como les viene en la realísima gana, con ejemplos a lo largo de la temporada como la muerte de Raeghar en el capítulo 4. Sin embargo, en el final, Drogon vuela por Desembarco y el Aguasnegras sin que ni un escorpión ni la flota Greyjoy le rocen. Lol.

Hemos comentado un ejemplo pero hay más, como el cambio abrupto de Arya sobre la venganza o Bran siendo coronado rey. Estos giros de guion no son sino una dejadez por parte de D&D (o Dumb and Dumber), que da la sensación que les interesaba más la trilogía de Star Wars (ahora se sabe que están fuera del proyecto) que el propio producto que estaban creando ellos. Todo esto da como resultado acciones y momentos que dos capítulos antes no creerías que fueran a ocurrir, porque los personajes seguían una dirección que, en el último segundo, pega un volantazo hacia ningún lado.

«En realidad soy una señora de 40 años con problemas de crecimiento y muchas ganas de asesinar a mi familia»

La única razón de esto fue “para sorprender a los espectadores”; pues hijos, os quedo de miedo. Casi que hubiera preferido que los Caminantes Blancos ganaran.

Estos han sido solo algunos de los muchos ejemplos de finales que casi nos mandan a la tumba, chica. Una sucesión de tragedias que nuestros corazones podrán olvidar pero jamás perdonar porque I was born this way, bella y rencorosa.

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