GRACIAS, MINISTERIO

Hoy se nos despide el ministerio del tiempo, al menos se despide de TVE. Siendo sinceros, sabemos que no va a volver a la televisión pública por mucho que nos duela. A mi hoy se me va un cachito de corazón seriéfilo, pero tengo que dar gracias a todos los que han hecho esta serie porque la llevó muy dentro

Honor y reputación

Pero, no me quiero poner triste. Quiero hacer un homenaje de lo que ha supuesto el Ministerio (al menos para mí). Yo, tengo que ser sincera, llegué tarde: empecé la serie en la segunda temporada, justo antes de que empezará; después de haberme pegado un atracón con la primera. Y…me enamoré. Me enamoré de Alonso, de Amelia, y de Julián (bueno, de él un poco menos, pero me sigue gustado igual) y de Irene y de Angustias y de Ernesto y de Salvador…en definitiva, del Ministerio.

Yo quería (y quiero) ser funcionaria del Ministerio, quería descubrir la historia con ellos y ¡vaya si la descubrí! Cada capítulo me abría la puerta (literalmente) a un nuevo personaje, a una nueva época, a un nuevo descubrimiento…Me enseñaron una nueva faceta de Velázquez y como dice Carlos del Amor: “uno ahora no puede ver las Meninas sin sonreír” y ahora, cuando voy a Edimburgo y veo Vieja friendo huevos pego un gritito en medio de la galería de arte y suelto un: ¡Mira, Velázquez! Como si fuera un conocido de toda la vida, y ¡claro que lo es! Llevo tres años escuchando como discute con Salvador porque quiere conocer a Picasso.

No va a ser bueno el jodío, ¡es Velázquez!

Me enseñaron cosas que yo sabía, como que Lope de Vega y Cervantes se pegaban (¡claro que se pegaban!) porque aunque en el colegio (y como filóloga) te digan que solo tenían diferencias intelectuales yo sabía que era mentira. ¿Solo se tenían un poquito de tirria y ya? ¿dónde estaba el ego? En el Ministerio del Tiempo, tienen tanto ego, que tiene que venir Amelia y ponerles en su sitio y yo, en casa, riéndome y aplaudiendo porque sabía que la representación era real.

También, me recordaron qué era el romanticismo con el episodio de las Brujas de Trasmoz porque ese episodio era romanticismo puro: era angustia, era inquietud, oscuridad y disfruté cada segundo. Vi a Bécquer, como yo siempre he pensado que era Bécquer. Pero además, me han enseñado a Lorca, a Galdós, a las Sin Sombrero,…y a tantos otros. Pero me los han enseñado como yo, después de leer sus obras y estudiarlos durante cuatro años, pensaba que eran: con sus defectos, sus virtudes…pero siendo reales. Importantes, pero reales. Y eso es algo que solo puede hacer el ministerio porque…el tiempo es el que es, ¿no?

Puta, mariposa

Y qué decir de las mujeres, desde Amelia hasta Lola: todas fuertes, valientes, decididas…dispuestas a darlo todo. Creo que de Amelia y Lola se ha dicho mucho pero yo quiero hablar de Irene y de Angustias.

Angustias supera sus miedos al enfrentarse a Napoleón (¡cómo me reí con ese capítulo!)  y quiere salvar la Verbena de la Paloma a toda costa. Es una agente como la copa de un pino y, encima, te pone al día de todos los cotilleos del Ministerio. ¡Olé, ella!

E Irene, mi Don Juan preferido, porque ni Julián, ni Pachino ni nadie: Irene. Irene es el don Juan de la serie y ojalá tener un Don Juan como Irene, ¿quién no lo querría? Es fuerte, es lista y es ella misma y eso es muy importante. Ella sabe más que nadie en el Ministerio.  Tiene las cosas muy claras (tanto, que pierde un ojo por sus ideales). Además, representa una realidad: es lesbiana, ¿y qué? Estamos en el siglo XXI, señores, supérenlo.

Yipi ka yei, ideputa

Ahora, acabándose el capítulo, a mi se me saltan las lágrimas porque sé que seguramente sea el último que vea. Sin embargo, me llevo tantas cosas de la serie: tantos recuerdos, tantas risas, tantos compañeros y tanto, tantísimo aprendizaje de la historia de España que volveré, volveré una y otra vez, para seguir aprendiendo y para seguir llevando en mi corazón a todos estos personajes.

Y sé que hoy, aunque el Ministerio parezca que se acabe, tendremos la puerta abierta para volver al pasado y recordar todos los capítulos que tanto nos han hecho soñar y, sobre todo, viajar. Gracias, gracias, gracias.

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Autor entrada: Inés

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