Arrow 7×19: Caminos Cruzados

¡Ya estamos aquí una semana más con Arrow! Tras el episodio anterior, y un poco más tarde de lo habitual debido a la maldita vida muggle, este capítulo nos muestra los caminos cruzados de distintos personajes en presente y futuro, mostrando lo que puede suceder con teniendo una misma mano. Además, averiguamos algunas respuestas y exploramos, por fin, el pasado de Diggle. Mejoramos desde la semana pasada, pero hay que reconocer que aún la serie no está en plena forma pues este episodio no es ideal para la recta final, la trama va demasiado lenta y sin un ritmo demasiado claro. ¡Vamos a comentarlo todo!

AVISO SPOILERS SI NO HABÉIS VISTO EL 7×19 NO SIGÁIS LEYENDO Y RECORDAD QUE PODRÉIS DISFRUTAR DE ESTE EPISODIO EL 25 DE ABRIL A LAS 22:50 EN SYFY

Diggle y la relación que tiene con su secreto padrastro es el eje sobre el que gira el episodio. Es una relación complicada, muy complicada. Y me encanta. John es un soldado y lo es por su padre, pero también por este hombre, el General y su padrastro. Sólo que lo odia…lo odia tanto…él piensa que dejó atrás a su padre en medio de una emboscada y por eso murió.

John es un soldado. Los lemas del ejército y lo que le han enseñado es un pilar en su vida. Son sus principios. Honor, lealtad, valentía, amistad, familia, heroísmo. Ningún hombre se queda atrás. Forma parte de lo que es, de lo que su padre era y de lo que el General debería haber sido, lo que todo el mundo piensa que es. Así que lo ve como un farsante, un traidor y un asesino.

Para John, el General traicionó a su uniforme pero, mucho más allá, a sus hombres, a su padre, hombres que confiaban en él, que esperaban que los cuidara y los protegiera con su vida. Y encima no pagó por lo que hizo, al contrario, es considerado un héroe de guerra y su madre, quién junto con él, más dolida y enfadada debía estar, le abrió las puertas de su vida. John también consideró eso una traición a su padre. De un momento a otro un niño pequeño John Diggle perdió a su padre a manos de quien debía protegerlo y tuvo que soportar que su madre tuviera una relación con el que, para él, era el asesino de su padre.

Eso lo mataba poco a poco por dentro y cada vez que él hablaba, que él decía lo que fuera, que lo educaba, tenía sentimientos encontrados. Una parte de él lo odiaba sin ningún pudor, con una rabia latente y otra parte no podía evitar admirar al hombre que se mostraba ante él, duro y estricto pero leal, valiente y un hombre de honor. Esa parte lo admiraba y quería ser como él…y se odiaba por ello. Por eso, en cuanto pudo, se alejó de él para seguir los pasos de su padre pero negándose a sí mismo que también lo hacía para seguir los pasos de su padrastro.

Escondió y enterró esa historia en lo más profundo, junto con la parte que admiraba a ese hombre, por respeto y amor hacia su padre, para no sentir que lo estaba traicionando por su asesino. Y así llegamos a nuestros días, cuando John ha necesitado la ayuda del General y ha tenido que pedírsela o, más bien, exigírsela.

El General es quién es, quiere a John y acepta que él lo odie…pero lo quiere ayudar con lo que sea en la medida de lo posible. Sin embargo, no le gusta el camino que ha elegido Diggle. Él lo veía con un futuro brillante en el ejército, lo crió para ello y le decepciona, a la par que no comprende, el por qué dejó su carrera y la destruyó para hacer lo mismo como un vigilante, como Spartan, aunque sí reconoce el trabajo de Oliver.

Pero el General no entiende esa parte de su vida…y es algo que a John le cabrea aún más porque no cree que él pueda dar lecciones de vida a nadie y no tiene por qué juzgarlo por las suyas…él lo hizo por su familia y no piensa que el General lo entienda, aunque lo comprende más de lo que cree. Además, sí reconoce el trabajo de Oliver, ¿por qué no el suyo? Una parte de él no puede evitar resentir esto.

John tiene razón en ponerse a la defensiva en ese tema, aunque lo hace, sin saberlo, por los motivos equivocados. Es la vida que ha elegido, lo que lo hace feliz, y su padrastro debe aceptarlo y no criticarlo, no rebajarlo así como si no fuera nada…como si se tuviera que avergonzar de ello.

Esta es una lección que el General aprende cuando trabaja con ellos. Ve a John y a todo el equipo en acción, el bien que hacen por la ciudad, los sacrificios…ve lo que significa para la ciudad pero, sobre todo, ve lo que significa para Diggle y lo admira. Está orgulloso de su hijo, completamente orgulloso. Porque lo quiere, tanto que traiciona lo que le han enseñado, los principios que son tan importantes para él, su guía de vida…por su hijo, para que no le hagan daño.

John ve esto y una parte de él se ablanda pero otra se muestra con renovado enfado consigo mismo por ablandarse, por plantearse verlo de otra forma que la de ser el asesino de su padre. Así que reacciona a la defensiva, critica al General por un acto que, tal y como le dice Oliver, él mismo habría hecho. Porque son tan parecidos que asusta. Los dos tienen ese código moral, esos principios…y los dos lo darían todo por su familia. Lo que fuera.

Tras la charla con Oliver, Diggle se da cuenta de que eso es justo lo que ha hecho su padrastro: darlo todo por él. Permitió que creciera odiándolo, que lo despreciara toda su vida, se sacrificó por él. Todo el tiempo el General lo estuvo queriendo en silencio, a la distancia…sabiendo que John lo despreciaba. Se tragó el sufrimiento en silencio. Y lo hizo por él, puso por encima a Diggle. Porque eso es lo que hacen los padres. El General quiso que Diggle siguiera viendo a su padre como su héroe, antes de destrozar la imagen que tenía de él, prefirió que lo viera como el villano. Porque sabía que John se merecía que su padre fuera su héroe. Un héroe reflejo del que se ha convertido ahora.

Cuando John averigua todo esto, toda esta verdad y por fin la habla con él, por fin ve a su padrastro como lo que es, es capaz de reconocer esa parte de sí mismo que siempre había apostado: la parte que lo admira y lo quiere, la parte que sabe que si se alistó en el ejército y después se unió al Team fue por intentar ser como él. Por intentar ser un héroe y una persona tan admirable como él. Por seguir su estela. Y lo pudo conseguir, sólo gracias a él.

Por fin, en este momento, padre e hijo tienen un corazón a corazón que estuvo esperando durante años para suceder y Diggle ha podido cerrar esa herida abierta y aún sangrante y lacerante, de su pasado.

Oliver y Diggle se han intercambiado los papeles en este capítulo. Normalmente, es Oliver el que guarda secretos sobre su pasado, el que guarda ese tipo de rencor y moderación…y el que después tiene mucho que reflexionar cuando ese pasado vuelve para morderle el culo y Diggle el que está ahí para el en todo momento, guiándolo. Esta vez todo ha sido al revés.

Diggle le había ocultado a todos que tenía un padrastro y su relación con él. Y ahí está Oliver para guiarlo en cada paso del camino, para escucharlo, comprenderlo, pero también decirle lo que piensa sin cortarse, a la vez que para calmarlo cuando ve que John va a hacer algo de lo que se arrepentirá después.

Las conversaciones entre ellos vuelven a ser oro. En la primera, Oliver saca la conversación del secreto que Diggle ha guardado; no se lo está echando en cara, sólo quiere saber por qué porque no es propio de él hacer eso. Entonces descubrimos que John le guarda un gran rencor. Su forma de educar fue estricta y dura pero, lo que lo hace odiarlo es que lo culpa de la muerte de su padre.

Oliver lo escucha, comprende lo que Diggle siente, el por qué puede llegar a culparlo y ese resentimiento que le guarda. Pero se forma su propia opinión. Ha visto al General y se ha dado cuenta de que le ha emocionado ver a John, de que lo quiere y sólo desea lo mejor para él…además de que es un buen hombre. Algo no encaja en esa historia.

Pero escucha a Diggle como lo que es: un hermano. Le da el apoyo que necesita y le hace saber que no juzga lo que siente, si no que lo apoya. La historia es dolorosa y triste. Y Oliver sabe bien lo que se siente ante esa situación, es una rabia, un resentimiento que te consume, que te ciega.

Una vez descubre la verdad de lo que sucedió, Oliver habla con John. Ha estado observando al General y las acciones de él, sacrificándose por John, sacrificando su uniforme, su trabajo, incluso sus principios por su hijo es más que suficiente para saber que, a pesar de todo, el General quiere a Diggle como un hijo. Oliver no quiere que John viva con esa ácida rabia y dolor que lo consume todo, no quiere que sea así, él no es así. Por eso cuando lo ve quejándose de lo que ha hecho el General se enfrenta a él y le dice lo que debe.

El mismo Diggle habría hecho lo mismo…y está juzgando muy duramente al General por ello sólo llevado por un dolor y una rabia que ni siquiera están justificadas. Es entonces cuando Oliver le cuenta la verdad y John se da cuenta de lo que fue capaz de hacer el General para que él guardara una buena memoria de su padre, para que lo siguiera admirando. Y se da cuenta de lo injusto que ha sido.

Oliver lamenta tener que ser él quien rompa esa imagen perfecta que tiene John de su padre. Sabe que es alguien realmente importante para Diggle y nadie más que él sabe lo que se siente cuando la imagen perfecta de un padre se rompe con su verdadera historia. En cierto sentido, la historia de John y su padre tiene cierto reflejo con la de Oliver y Robert. Oliver también pensó que su padre era buena persona…y descubrió de la peor forma que no lo era. Por eso detesta ser él quién le rompa el corazón a Diggle…pero debe hacerlo porque él tiene que saberlo, tiene que saber todo lo que sí padrastro lo quiere para que puedan arreglar su relación.

En esta ocasión, es Oliver el que guía, la conciencia de Diggle y es un gran crecimiento de personaje por parte de Oliver. Ser capaz de ser La Luz de otra persona.

Esto es lo que hace la familia y los verdaderos amigos, te dicen lo que debes oír, aunque sea doloroso y a ellos mismos se les rompa el corazón por ti. Amo a mi BROTP y por fin están de vuelta en todo su esplendor.

La trama secundaria del episodio se centra en Oliver, Emiko y el Noveno Círculo. Oliver sigue con la esperanza de que contarle la verdad a Emiko sirva para cambiar sus lealtades…pero no se imagina lo que está pasando en realidad. Es algo…frustrante esa esperanza de Oliver, puesto que Emiko ya ha dado suficiente muestra de que no está interesada en cambiar de bando pero si no insistiera no sería Oliver. Él cree en la redención, él tuvo la suya y se veía más oscuro que Emiko. Oliver también hizo cosas horribles y ha sentido esa oscuridad y desesperanza, esa rabia y esas ganas de quemar el mundo.

Pero Oliver avanzó desde ahí y volvió a encontrar su luz interior, volvió a sentir la esperanza, el amor, el heroísmo…quiere eso para Emiko. Desea que ella tenga esa segunda oportunidad, igual que la tuvo él y se convence a sí mismo que la verdad hará que Emiko cambie sus lealtades porque lo único que la une al Noveno Círculo es el dolor por lo que hizo Robert y manipulación de Dante. De lo que Oliver no se da cuenta es de que es mucho más que eso. El Noveno Círculo se convirtió en su vida, en su elección. Llegó un punto en el que ella tuvo que decidir…y eligió al Noveno Círculo incluso por encima de sus principios.

En el caso de Emiko, ese deseo de ver quemarse el mundo lo inundó todo y ella abrazó ese sentimiento con gusto, por eso siempre elige al Noveno Círculo y esa es la razón por la que la muerte de su madre no cambia nada en cuanto a su lealtad.

Emiko ha matado a Dante como venganza por asesinar a su madre, porque lo culpa a él, no al Noveno Círculo. Ella quería a su madre pero su padre la destrozo, a ella y a su familia. Nada volvió a ser lo mismo nunca. Ese Círculo le dio una familia, un propósito, le hizo canalizar ese deseo de venganza y sangre y lo potenció, la modeló y le hizo quién era. Le dio una identidad. Sin ellos, no sabe quién es. Dante sólo es un esbirros que se extralimitó y así lo ajusticia.

Esa es la gran diferencia entre Oliver y Emiko. Oliver sintió lo mismo que Emiko, incluso, por un tiempo, siguió el mismo camino, pero su corazón le hizo aceptar la ayuda que Diggle y Felicity le ofrecieron desde el principio, gritó, aunque en silencio, por ella…y se dejó ayudar. Consiguió curar sus heridas. Emiko nunca lo hizo. Nunca pudo hacerlo cuando era pequeña y eligió no hacerlo cuando era adulta. Aquí están los dos caminos entrelazados, cómo una mano similar puede llevarte por distintos derroteros según las decisiones que tomes.

Aunque Oliver se ciega ante todo esto y sólo ve a su hermana tragada por la oscuridad, así que hace lo que sea para tenderle la mano que la saque de ella…sólo que muchas veces, no se puede. A veces, no todo sale bien y no todos tienen redención.

En otro orden de cosas, han elegido el camino de que Emiko no supiera nada sobre el asesinato de su madre a manos de Dante. Lo cierto es que está muy cogido con pinzas puesto que siendo la líder y alguien tan cercano a Dante, es bastante poco creíble que no supiera ni sospechara nada. Un error eso.

Por otra parte, lo cierto es que podrían haberlo hecho mejor con esta historia. Haber sacado de ella algo más interesante que no lo típico de «la chica que acaba de aparecer y que parece muy buena es mala», hay que reconocerlo. Se lo podían haber currado más. Mucho más.

Dicho esto, no es la primera vez que hacen algo así. Ya pasó con Promy en la temporada 5, él también era el recién llegado…y fue impresionante, increíble y el mejor villano de esta serie. Aunque hay que reconocer que el personaje estaba más conectado a Oliver (algo extraño, puesto que Emiko es su hermana), y psicológicamente lo llevó a un límite al que no creo que Emiko y el Noveno Círculo sean capaces de llegar nunca.

Felicity y Alena nos han dado grandes momentos en este episodio. Siempre me ha encantado su amistad, tan parecidas y tan adorables juntas. Me gustaba que Felicity tuviera una amiga con quién compartir su pasión por la tecnología, alguien que la entendiera a ese nivel y que realmente la apreciara. Por eso me negaba a ver algo malo en Alena últimamente…pero me equivoqué. Al parecer, Alena no es tan amiga de Felicity como puede parecer. La negativa (lógica) de Felicity a rediseñar ARCHER hace que Alena esté pensando en traicionarla y vender la tecnología de igual modo. Lo que sabemos que hace o, al menos, algo pasa porque en el futuro ARCHER es una realidad.

Y ahí radica la diferencia entre Felicity y Alena. A Alena siempre le atrajo el hacktivismo, digamos que estaba en medio entre un sombrero blanco y un sombrero negro. No le importaba hacer algo malo para intentar hacer lo que ella piensa que es un bien en el mundo. Es decir, para ella, el fin justifica los medios, aunque haya riesgos.

Felicity, en cambio, es diferente. Ella quiere hacer algo bueno por el mundo, es una heroina, eso es lo que ella es y que una tecnología que ella cree pueda tener efectos devastadores…es impensable para ella. Simplemente no vale la pena el riesgo de que caiga en malas manos por el bien que pueda hacer en buenas manos. No es algo negociable en ella, no está dispuesta a arriesgar vidas. Quiere crear algo realmente bueno, realmente revolucionario, que mejore la vida de las personas, no que tenga o capacidad de destruirlas.

Felicity construyó ARCHER con la mejor de las intenciones. Pero de buenas intenciones está hecho el camino al infierno. En cuanto se ha dado cuenta del peligro que podría entrañar si el programa cae en malas manos, lo ha destruido. No se lo ha pensado dos veces, porque no le importa destruir el fruto de su trabajo, el fruto de lo que hasta ahora era su legado si con ello evita la posible destrucción de vidas inocentes. Ha puesto la vida de inocentes por encima de la suya propia, esa es la pura definición de heroísmo y no lo han podido dejar más claro.

Hablando del legado de Felicity, ella desea que el suyo sea algo más que el Team. Siempre me ha encantado esto. Quiere dejar huella como ella misma, como Felicity Smoak. Necesita tener esa parcela para ella, algo que la diferencie. Es lo que siempre ha querido, hacer algo por la gente en su campo de trabajo. Ha ido haciendo pinitos creando diferentes dispositivos que le hacen la vida más fácil a su familia en el Team pero quiere crear algo más. Pensaba que ARCHER era ese algo más, porque podría hacer tanto bien…pero también mucho mal.

El heroísmo de Felicity, lo que ella es en su núcleo, le impide seguir con ARCHER. No importa que fuera el producto de miles de horas de trabajo o que podría haberlo vendido por una fortuna. Ella no se vende. Porque los héroes no se venden. Los héroes se sacrifican y eso es lo que ella ha hecho, ha sacrificado el legado que había construido para mejorarlo. Y lo hará. En Smoak Tech. La empresa ya está creada y Felicity está dispuesta a dejar su huella en el mundo. Y nosotros a verlo.

Hemos visto algo interesante e inesperado en el futuro, ¡JJ es un villano, el líder, ni más ni menos! Ha sido realmente una sorpresa pero es atractiva esa dicotomía entre los hermanos, esa diferencia. Ambos crecieron juntos, como hermanos pero sus caminos se fueron alejando. Connor siguió el camino de sus padres pero JJ representa todo contra lo que lucharon.

Connor ya dijo que no era fácil tener a dos héroes como padres. Era difícil, sacrificado y frustrante. Connor y JJ vivieron bajo las mismas expectativas pero ambos llevaron sus vidas por caminos opuestos. Cómo os he comentado otras veces, nuestras acciones, más que nuestras palabras, son lo que nos define. Connor tuvo toda esa “presión”, esa responsabilidad y la infancia diferente que viene con la vida que sus padres han elegido pero eligió abrazarla, entenderlos, comprenderlos, amarlos, estar orgulloso de ellos y abrazar esa vida.

Connor llegó a entender por qué sus padres hacían lo que hacían y las dificultades que eso suponía para él. Mientras que JJ fue incapaz de hacerlo. Él simplemente no entendía por qué la ciudad tenía que tener un lugar prioritario en la vida de sus padres, por que tenían que estar en peligro, por que hacían lo que hacían…y eso lo terminó destruyendo.

Decidido a ser todo lo contrario a sus padres, JJ se convirtió en todo lo que ellos combatían, se convirtió en un villano. Esa rebeldía que al principio se mostró en pequeñas cosas hizo que la relación con sus padres se complicara y JJ no pudiera dejar de compararse con su hermano. Su perfecto hermano, que sí llenaba las expectativas de sus padres, que sí los enorgullecía, al contrario que él.

Ese hecho hizo que su rencor hacia sus padres creciera, al igual que el rencor hacia su hermano y la relación que mantenían se rompió. Todo se rompió y cada vez se ha ido rompiendo más y más.

Es cierto que tener como padres a dos héroes no es fácil. A veces, la familia debe sacrificarse por ello y, a la vez, se crean ciertas expectativas por parte de los padres. En JJ y Connor tenemos los dos caminos en los que un hijo criado en esas circunstancias puede elegir. Los dos tuvieron las mismas cartas en la partida pero ambos reaccionaron de forma diferente a ellas.

JJ se sintió perdido, abandonado de cierta forma por sus padres…como si no fuera suficiente, anhelando una vida normal…y los culpó por ser héroes, los culpó por ser quienes eran, sin darse cuenta que sus padres lo aman igual que a Connor, que no es una competición entre hermanos…y que sus padres siguieron su propio camino igual que él seguiría el suyo. No podemos culpar a nadie por ser cómo es. Que JJ les pida o espere que Lyla y John no sean héroes es como pedirles que no sean ellos…y no es justo.

En realidad, la situación no es justa en absoluto. Es entendible el enfado y los sentimientos de JJ y también la vida que eligieron sus padres porque eligieron ser ellos mismos…pero JJ no se ha dado cuenta de que se ha destruido a sí mismo en el proceso de intentar no ser como sus padres.

Hablando de los sentimientos de JJ, ¿os suenan de algo? Porque son los mismos que los de Mía con respecto a los vigilantes (y su padre), un anhelo de una vida normal, un sentimiento de abandono, de quizá no haber sido suficiente para sus padres, de resentimiento por haber puesto la ciudad primero.

La historia de JJ y Connor tiene el reflejo en la historia de Mía. Ella tenía sentimientos parecidos a JJ respecto a los vigilantes y su padre…pero, una vez que supo toda la verdad, estuvo en su mano convertirse en lo que se convirtió JJ o seguir un camino como el de Connor: entenderlo y aceptarlo. Sentirse orgullosa de quiénes son sus padres. Eso fue lo que ella eligió. Y eligió bien.

Siguiendo con Mia, está cada vez más claro la relación tan especial que mantiene con Connor. Es una relación extraña, han sido cercanos siempre pero Mia acaba de descubrir que Connor le ha estado mintiendo y no ha compartido con ella una parte inherente e importante de su vida.

La mentira de Connor daña un poco las cosas…él no vio otra manera. No estuvo bien y lo sabe, pero era la única forma de acercarse a Mia dado su odio hacia los vigilantes y después ella se convirtió en alguien tan importante, tan imprescindible en su vida, la amaba tanto…que simplemente no podía perderla. Y la conocía, sabía que una mentira así significaría perderla…así que decidió seguir como hasta entonces. En ese velo dichoso que cubre la ignorancia. Pero ningún secreto dura para siempre y los peores miedos de Connor se hicieron realidad: Mia se enteró de quién era hijo.

Entonces llegó el enfrentamiento inevitable. La voz traicionada de Mia…estoy convencida de que perseguirá a Connor para siempre. Él esperaba que tras descubrir la verdad, ella se alejara para siempre pero se quedó y él tuvo la oportunidad de explicárselo…y ahora están en ese lugar extraño. Sin saber cómo comportarse alrededor del otro pero con esa tensión y conexión entre ellos tan latente y presente como siempre.

Connor no sabe exactamente qué sucede entre Mia y él ahora. Sabe que, aunque se haya quedado, descubrir la verdad ha sido un duro golpe para ella y han vuelto prácticamente a la casilla de salida, ella desconfiando de él, así que no sabe cómo comportarse exactamente. No sabe cómo acercarse a ella o si Mia le dejará hacerlo…u optara por patearle el culo. Pero, por otra parte, por fin puede hacer lo que siempre ha querido: sincerarse con ella.

Le habla de sus padres, de lo que significó para él la vida que eligieron vivir, le cuenta sobre su verdadera vida…y sobre su hermano. Siempre ha querido contárselo, ser completamente sincero con ella pero no podía hacerlo. Ahora sí y, a la misma vez, le demuestra lo mucho que confía en ella. Connor le enseña que ella lo conoce mejor que nadie. Porque hablar con ella, confiar en ella, es tan fácil como respirar.

Mia, por su parte, hace años que ha aprendido cómo enmascarar sus emociones, cómo encerrarlas muy dentro para no dejarle verlas a nadie. Es como su padre, Oliver también aprendió a hacer eso cuando tuvo que hacerlo. Pero, al igual que le pasa a Oliver con Felicity, Connor saca en ella esas emociones, esos momentos con él hace que se sienta abrumada y que todas sus emociones quieran salir a borbotones…y no sabe qué hacer con eso. Esas situaciones la ponen incómoda. En el buen y en el mal sentido. No sabe si puede confiar lo suficiente como para dejar la puerta abierta a esas emociones porque tiene demasiado miedo para hacerlo, al igual que Oliver en su momento.

A todo eso, se añaden las mentiras y los secretos que Connor ha estado guardando. Mia se permitió confiar en él una vez y Connor le mintió. ¿Puede volver a hacerlo, puede confiar de nuevo en él? ¿Debe arriesgarse a hacerlo? ¿Le volverá a romper el corazón? Porque se lo ha roto…y si sólo eran amigos, ¿cómo sería si ella y él fueran algo más? Mia está llena de dudas y de miedos pero hay algo ahí y no puede dejar de volver a ello, de volver a él, como una polilla a la llama.

Ha habido poco Olicity en este episodio, pero son los pequeños detalles los que marcan la diferencia y este episodio ha estado lleno de pequeños detalles entre ellos.

La preocupación de Oliver cuando ha dicho “me alegro que estés bien” tras el ataque a Felicity, esa inflexión de voz, como un susurro lleno de alivio, alivio porque lo más importante de su vida, todo su mundo, está bien. Es algo dicho solo para ella, llenando de intimidad ese momento. Estoy segura de que a Oliver le costó no pronunciar “me alegro de que ESTÉIS bien”, se le nota en esa inflexión de voz y en toda su expresión, pero Felicity entendió esas palabras no dichas.

Esa preocupación de Oliver tiene su reflejo en la de Felicity. Ella sabe perfectamente que no está siendo fácil para Oliver lo que está sucediendo con Emiko. Todo ha ido muy deprisa y ha sido demasiado intenso; Oliver ha pasado de descubrir que tenía una hermana, saber que es malvada a intentar redimirla en tiempo récord. Prácticamente no ha tenido tiempo de asimilar una cosa cuando está metido en la siguiente. Y todos esos sentimientos que han estado rondando por su cabeza y su corazón han sido demasiado confusos como para ponerles nombre. Pero Felicity los ve y los entiende.

Ella comprende el dolor, la desesperación y la esperanza de Oliver, así como la decepción cuando él finalmente se da cuenta de que no hay nada que hacer con Emiko. No le dice nada en concreto, sólo le hace saber que está ahí interesándose por él y acariciándolo en una muestra realmente dulce de apoyo. A veces, las palabras sobran, y esta es una de esas veces. Felicity no puede decirle nada a Oliver que lo haga sentir mejor. El dolor es demasiado grande y profundo como para eso. Es como perder a un ser querido, porque eso es lo que siente Oliver. Emiko llegó de improviso pero consiguió llegar a su corazón, consiguió que Oliver la viera como una hermana y ahora la ha perdido.

En ese tipo de situaciones no hay nada que pueda hacerte sentir bien, o incluso mejor, es una situación tan….inconsolable que sobrepasa las palabras. Pero con sentir que no estás solo y que tus seres queridos están a tu lado…eso es lo único que puede hacerte sentir consuelo. “No estás solo, estoy aquí”, eso es lo que Felicity le está diciendo sin palabras a Oliver y eso es más que suficiente para él, es lo único importante, lo único que lo ancla al aquí y al ahora.

Tras esto, están esos detalles de cogerse de las manos en un momento dado, de ir hombro con hombro a los sitios, siempre cerca, siempre tocándose y nunca manteniendo una distancia, siempre al lado del otro…lo llenan todo. Es una situación tan cercana, tan cotidiana, no necesitan una palabra, tan sólo gesto para estar ahí, siempre orbitando el uno alrededor del otro, como si un hilo o una cadena invisible pero irrompible los uniera. Lo confieso: ¡cada día los adoro más!

En cuanto a los stunts, han mejorado mucho a partir de estos últimos capítulos en los que casi no había acción. Creo que estamos de acuerdo en que lo más destacable es la lucha entre Oliver y Emiko, ambos físicamente muy igualados y con unos efectos visuales maravillosos. Ese efecto a cámara lenta mientras la flecha se rompía o en esa voltereta…ha sido genial. Mención especial también a Alena y su teclado, ha sido muy gracioso verla blandirlo como un arma y muestra una situación tan cotidiana y real como es coger lo que uno tenga a mano para defendernos de un ataque inminente.

CONCLUSIÓN

En conclusión, el episodio ha estado bien, entretenido, averiguando por fin más sobre el pasado y la vida de un personaje tan importante como Diggle. Además, Oliver ha tenido más presencia que últimamente, no llegando a ser lo que debería ser pero acercándose lo suficiente, dado que no sólo ha sido un terciario si no que lo hemos visto en las primeras líneas de la acción del episodio, tanto en lo que se refiere al Noveno Círculo (buscando a Emiko), como en lo referente a Diggle (apoyándolo y aconsejándolo).

A parte de esto, también hemos tenido algunas respuestas – aunque no hayan sido del todo satisfactorias – en cuanto a Emiko, el Noveno Círculo y Archer, abriendo nuevos misterios en esta parte.

Sin embargo, el episodio aún tiene sus fallos, fallos que a estas alturas no deberían cometer. El principal es que no es un capítulo de recta final. A estas alturas, deberíamos de estar de lleno metidos en el conflicto con el big bad y no descubrirlo ahora, después de tantas idas y venidas. También, las respuestas que nos han dado no han sido todo lo satisfactorias y buenas que podrían haberlo hecho (aunque eso es cuestión más de expectativas) y, aunque he disfrutado mucho sabiendo más cosas sobre Jhon, lo cierto es que esto deberían de habérnoslo mostrado antes. Su historia es complicada y da para mucho, no puedo evitar preguntarme por qué no la explotaron antes.

Asimismo, la historia tanto del presente como del futuro va demasiado lenta, tanto que aún no sabemos el por qué de la inclusión de Emiko y del Noveno Círculo como los big bads de la temporada. Al igual que tampoco hemos llegado a una conclusión clara en el futuro. La conclusión general a la que me hace llegar esto es que lo están retrasando todo para desarrollarlo en la temporada 8. Es decir, que en vez de hacer una trama para los 22 episodios de los que consta la temporada, la han hecho para 32, lo que abarcaría esta temporada y la siguiente; por eso no se preocupan de que estemos en una recta final y aún no sepamos cuál es el objetivo final, porque, en su planteamiento, solo estamos a la mitad del camino.

Para mí es claro que han decidido alargar la trama de Emiko, el Noveno Círculo y lo demás que tengan planeado hasta la temporada 8, para así no tener que inventar una trama para 10 episodios, y nosotros estamos pagando las consecuencias de esa decisión viendo unos episodios que, si bien son entretenidos, avanzan muy poco a poco.

Y hasta aquí la crítica del 7×19. ¿A vosotros qué os ha parecido este episodio?. ¡No dudéis en comentármelo!. Espero que haya merecido la pena la espera. Nos leemos la semana que viene con el 7×20 «Confessions» y recordad que podréis ver este capítulo el 25 de abril a las 22:50 en SYFY.

Por Raquel

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